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19 noviembre 2010

EL EMBRUJO DE LA NOCHE EN BAÑOS  DE LA ENCINA

El pasear por Baños siempre es un espectáculo; es muy agradable y bello, pero de noche, es sorprendente. Se van oyendo los propios pasos, no se ve a nadie, no hay coches, solo las luces y las sombras, y lo recuerdos. Mi primera noche en el pueblo.

La plaza cuando jugaba a las bolas, los “santos”, la pita, a piola, al pañuelo, al aro y en las noches al escondite; casi no había luz, solo unas bombillas en la esquina de Santa María y otra en la puerta del ayuntamiento.

Santa María, hacia el Castillo nuestro centro de juegos, de batallas, de miedos con los ataúdes y calaveras, de nidos, de cuentos y leyendas, de ajuste de cuentas en las almenas.


El monumento a la patrona,  la Virgen de  la  Encina,  inaugurado en el Año Santo Mariano, en 1954, en medio de los jardines, con un trazado lógico de la plaza, para que la circulación fuera posible.


La botica, con Don Juan Suarez  siempre con su bata blanca, su cigarro de “caldo de gallina”, la rebotica con Luisa; iba a ver los toros en la tele, y el comedor se llenaba; se veía muy mal, mucha niebla, pero disfrutábamos con aquellas faenas de El Viti, El Cordobés, Curro Romero y tantos buenos toreros.


Mas arriba mi tía Sara, la casa de mi tío abuelo y  padrino Don Enrique, y sus tres hijos, con Nicolasa y Valeriana. Columpios, las Maria Manuela, el Perrillero, las carnicerías, Juanaca. El callejón del Pilar, la escuela, Auxilio Social, con Aguedica, el almacén del Servicio Nacional del Trigo.

Salsipuedes, hoy en el despacho del pan, encuentro este letrero, aviso, en el mundo de la telefonía móvil, las redes sociales e internet.



Cuesta de los Herradores, mi calle, mis vecinos, mi casa; todos descansan en sus casas.


Las calles de Baños, todas, por la noche son  una maravilla, su paseo relajante, mágico.

DMC
(Mas fotos en mi Galería de Picassa)

17 noviembre 2010

LA ALCUBILLA. PAISAJE MÁGICO.

Me lo dijo el Sr Alcalde, que lo saludé en el Mirasierra, ya estaba en el Blogs del  Sr. Concejal de Cultura, pero aquí fallaba lo que “más vale una imagen que mil palabras”, porque la imagen tenía que ser en directo.

Me acerqué por debajo de la Piedra Escurridera, camino de la Picoza, y el entorno ha quedado muy bien; muy cerca de Baños, con mesas y fogones, con espacio para aparcar, con una rehabilitación de la alcubilla, el pozo, los canales descubiertos, y la información sobre magnifico cartel, y el entorno de quininos.

El espacio rescatado invita a pasear, a leer, a pensar, a meditar, yo diría que a rezar: el nuevo pilar, blanco que destaca desde lejos, el ruido del agua, esa gota a gota, tan relajante, en el entorno del aire libre, tan árabe, el olor, la tierra mojada de estos días, el verde de la hierba creciendo.

Precioso y a un paso del pueblo, si se quiere dar un paseo, que es muy grato, para todas las edades.

Siempre lo digo y no me cansaré; respetemos estos rincones con encanto, mantengamos la limpieza, y asi todos y siempre podremos disfrutarlos.

Enhorabuena para el Ayuntamiento y  a la Concejalía responsable.

DMC
LA CASA DE MIS TATARABUELOS CATALINA Y JOAQUIN
Casona mis Tarabuelos

Siento pena al pasar, y lo hago varias veces al día, por la casa de mis tatarabuelos Doña Catalina Josefa del Mármol Salido, y Don Joaquín Jiménez y Pérez de Vargas, por la situación ruinosa del inmueble.

Tatarabuelo Joaquín

Estuve en muchas ocasiones allí cuando vivía mi tío Don Joaquín Jiménez Brull, su padre Don Bernardo era hermano de mi bisabuela Juana, que se casó con el primer Muñoz-Cobo llegado a Baños, Don Diego Muñoz-Cobo Arredondo.


Tío Joaquín casó con tía María Nieves, y un años, que estaba en Baños recogiendo la aceituna de mis padres, con 17 años en 1961, estuve cenando bastantes noches en su casa. Yo estaba solo en la casa de la plaza

Una Casa grande, de labor, con cuadras y patios, graneros y despensas, bodega y pozos, con varias escaleras y cocinas. Eran muy cariñosos. Cuando llegó la noticia de su muerte en accidente, en la curva de Villalgordo, en representación de la familia me desplace al cementerio de Jaén, con otros amigos de la casa, a hacernos cargo del cadáver y tomar las decisiones de esos momentos.


Por eso no deja de darme una honda pena, el ver la casa herida de muerte, donde quedaron tantos y tantos de mis recuerdos.
DMC

15 noviembre 2010

JUAN DE LAS VACAS

Mi recuerdo de la parte posterior del embalse de Rumblar, es muy antiguo. Recuerdo de pequeño, ir con mi padre a pescar, a pasar el día en los veranos, donde, se formaba un microclima, con el rio y un arbolado que se juntaban las copas. La ladera era, uno de los criaderos mas impresionante de espárragos de piedra.

A final de agosto, ya el tiempo más fresco, se iba a “lavar la lana. Los novios, próximos ya a celebrar la boda, para el verano, habían comprado lana en bruto,  en aquellos tiempos había muchas ovejas en el pueblo,  se reunían las familias y amigos, a pasar el día de campo, de “juerga”.

En el camión de Columpios se cargaban las calderas, las trébedes, las sartenes para el arroz y da damajuana de vino y la cerveza, así como el pollo, el conejo  y las viandas que se iban a compartir.

Se encendía el fuego y se metía la lana, ya con el agua hirviendo, que con largos palos se removían. Los hombres mientras preparaban la comida y los aperitivos. Esta lana, servía para que en las tardes de invierno la novia y sus amigas se reunieran para abrir la lana y así mullida, irla metiendo en el colchón novial.

Las crecidas del embalse, que hizo que rebosara el aliviadero, produjeron graves destrozos en el lateral de la sierra y en el rio, teniendo que tomar decisiones de seguridad, ya que podría peligrar incluso el muro. Así se fue modificando la salida del vertedero el túnel (un año el chorro tenía más de 40 metros, que destrozaba todo) y los aliviaderos, hasta llegar al actual, teniendo que modificarse el rio, ya que se “sembró” el lecho de grandes lascas y piedras para proteger el suelo y así, los laterales, quedando una zona sin árboles, ni plantas, habiendo cambiado  de manera definitiva.

Hace dos días baje y recorrí el  camino, llegando hasta el que llamábamos “charco de la bomba”, donde por  debajo de la caseta salía agua, para generar electricidad. Soledad absoluta, se oír el agua, al pasar por los ojos del puentecillo y pasar al riachuelo.

Llegue hasta el muro, a tocarlo, e impresiona mirar para arriba, y hacia el arroyo. La temperatura suave, el cielo con algunas nubes. Mis pensamientos revoloteaban, y se iban posando en otros tiempos, otras épocas, otras gentes. Regrese a Baños.

DMC


EL MESTO. ¿TOPONIMO?



Ayer comentaba lo leído en el cartel que se ha puesto, bajando hasta la cola por Migaldías. Entre comillas copio literalmente,  lo que dice Wikipedia de este término, que nada tiene que ver con la toponimia, recogido de Google.

“Mesto
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Mesto: híbrido o mezcla entre dos especies del género Quercus. Principalmente entre encina (Quercus ilex) y alcornoque (Quercus suber) (Quercus x morisii Borzi, Quercus x mixta Villalobos ex Colmeiro, Quercus ilex l. x Quercus suber L.), o bien, entre encina y roble.
Suele presentar características comunes de ambas especies (por ejemplo, tronco con más corcho que una encina pero menos que el alcornoque...).”
DMC

14 noviembre 2010

TARDE LLUVIOSA. NISCALOS Y EL “MESTO”

Cálida, con nubes altas, sin color, se anunciaban lluvias y éstas llegan; tarde grata de pasear, voy a los pinos, a  la dehesa, por Migaldias.


El embalse sobrecoge  cómo esta este año; desde allí se ven kilómetros de agua; hoy serena, como un espejo; musgo, suelo húmedo, aun no llueve, no hace frio, tranquilidad y soledad, verde en los pinos, los eucaliptos, la jara, la yerba. Se oye el crujir de los pasos

Buen día de setas, de níscalos. El monte está muy empinado y por las cuerdas vamos rastreando y buscando el apreciado manjar; debajo de la pinocha, con el musgo; se ve desde lejos, en montecillo; da  alegría, la bolsa se va llenando poco a poco, resbalo y me doy un culetazo sin importancia, el suelo está blandito.

Las primeras gotas te dan en la cara  y poco a poco, empieza a llover, no es mucho pero si agua mansa y va calando. El campo esta precioso.


Todo Baños se ha llenado de carteles, me referiré más despacio. Me paro en  este, al que fotografío. Me llevo las manos a la cabeza a la primera vista. ¿Quién lo ha redactado? ¿Qué es ese topónimo del Mesto?  ¿Lo habrán confundido con la MESTA?  ¿No saben los que es Mesto? Ignorancia sin duda, o falta de curiosidad por buscar esa palabra en internet. ¡Google, por favor! ¿Cuánto cuesta hacer estos carteles? No se revisan, no se pasan por filtros. Quien dijo el hágase, es el responsable.


Al regresar a casa los apañamos; mi madre pelaba los ajos, mi hermano los partía y revisaba, yo en el fuego. Dos sartenadas, eran caso dos kilos y medios, entre dos;  una hora; aceite, ajos y sal. Más sencillo imposible.
DMC

BAÑOS DE ENCINA. ATARDECE
San Mateo

Baños tiene muchas miradas, siempre lo he dicho, y las luces y las sombras son muy distintas. Por la noche es una delicia pasear por sus calles y sus rincones. Pero hoy me refería a sus atardeceres, cuando el sol se va perdiendo sobre la sierra y sus rayos van lamiendo suavemente las almenas del Castillo Milenario.
Las Colas

Desde Santa María, es una vista casi única, el Ruedo ya se ha oscurecido, pero la sierra está en esa etapa de reflejos, las colas ennegrecidas, el Gólgota, y la Parroquia de San Mateo resplandeciente y el Castillo reluce como una antorcha. Cada día es distinto, este es que pude admirar y disfrutar.
Sobre la Sierra
Otra vista
DMC



13 noviembre 2010

13 DE NOVIEMBRE. SAN DIEGO DE ALCALÁ

Nombre emblemático en la familia, que me honro en llevarlo: Tuve un tatarabuelo, bisabuelo, tío abuelo, tío carnal, y otros familiares no lejanos, llamados Diego Muñoz-Cobo. Para todo ellos, de los que un dia de estos podre hablar, vaya mi recuerdo.
Baños tuvo devoción y se habla del San Diego de la Parroquia de San Mateo y de la tabla del retablo del Santuario de Jesús del Llano
"Empezamos esta breve silueta hagiográfica reparando una, no por lo generalizada menos digna de ser reparada, injusticia en la denominación del santoral español al designar a San Diego con el toponímico de Alcalá de Henares, en lugar del nombre de la villa de San Nicolás del Puerto, en la provincia de Sevilla.

Insignificante por su demografía, es la villa de San Nicolás del Puerto uno de los lugares más típicos y pintorescos de la provincia andaluza. Se halla situado al norte de la misma, en pleno complejo montañoso, con gran riqueza hidráulica, que dan a sus alrededores extensas zonas cultivadas y amplias alamedas. Su altitud y arboledas hacen del lugar un oasis en la canícula sevillana.

San Nicolás, en su insignificancia demográfica y urbanística, tiene un lugar en la historia por el mejor de los títulos que dan entrada en ella, por haber sido cuna de uno de los hombres que figuran en el santoral de la Iglesia católica. Hacia fines del siglo XIV, sin que sea posible concretar más la fecha, nació de humilde familia pueblerina el niño que había de llevar junto a su nombre en documentos reales y bulas pontificias el nombre del lugar que le vio nacer: San Diego de San Nicolás. El hecho al que hemos aludido al comienzo de estas líneas de que se le designe como San Diego de Alcalá no tiene más explicación que el haber sido la ciudad complutense su última residencia terrenal, lugar de su sepulcro hasta el presente, y que sus numerosos milagros hicieron bien pronto célebre en toda España. Pero tanto las historias primitivas del Santo como la bula de canonización expedida por Sixto V, no conocen otro lugar de referencia que San Nicolás. La tradición lugareña ha conservado ininterrumpidamente hasta el día de hoy la casa de su nacimiento. La devoción de sus paisanos, cobijados bajo su celestial patronato, respalda la designación del lugar de su nacimiento. El Santoral Hispalense, de Alonso Morgado, el más documentado elenco hagiográfico de santos sevillanos, así lo reconoce. Es, pues, de justicia devolver al humilde pueblo sevillano el mejor título de su historia, máxime cuando la ciudad complutense tiene tantos otros de rango universitario y literario que la encumbran en España.

Muy poco se sabe de sus primeros años.

La más segura de sus biografías, debida a la pluma de don Francisco Peña, abogado y promotor en Roma de la causa de canonización del Santo, y que debió, por lo mismo, poseer los mejores datos en torno a la vida de Diego, así lo reconoce. Don Cristóbal Moreno, traductor en el siglo XVI al castellano de la obra latina de Peña, también hace constar esta insuficiencia de datos sobre la niñez y primeros años de San Diego. Y hasta la Historia del glorioso San Diego de San Nicolás, escrita por el que fue guardián del convento de Santa María de Jesús, de Alcalá de Henares, donde vivió y murió el Santo, se concreta para esta época de la vida de Diego a las anteriores biografías de Peña y Moreno. La Historia de Rojo, el guardián complutense, aparecida en 1663, sesenta años después de la muerte de Moreno y a un siglo de distancia de la obra latina de Peña, no pudo ampliar con nuevos datos, como parecería lógico por haber vivido en el mismo convento de San Diego, lo que la bula y anteriores hagiógrafos nos comunican. Alonso Morgado tampoco nos enriquece el conocimiento de la niñez de Diego con aportaciones que llenen el vacío de sus primeros años.

Deseosos de que esta silueta hagiográfica responda a la más estricta seriedad documental, tanto más exigida cuanto San Diego llegó a ser un taumaturgo popular en sus tiempos y en la España de los siglos de oro, nos vamos a dedicar tan sólo a destacar dos aspectos de su vida: sus itinerarios y las características de su santidad, tal como aparecen aquéllas en la bula de canonización.

San Diego, nacido en el más pequeño lugar de la provincia de Sevilla, fue sin duda uno de los hombres de su tiempo y condición que más viajó. Podríamos trazar la línea de su constante andar con un gráfico que va de San Nicolás al cielo, pasando por Sevilla, Córdoba, las Islas Canarias, Roma y Castilla, rindiendo viaje en Alcalá de Henares, para saltar desde la gloria del sepulcro a los altares. En el polvo de sus sandalias quedaron adheridas y mezcladas tierras de innumerables caminos de España y Francia e Italia.

De San Nicolás pasa a un lugar cercano a la villa para ponerse bajo la dirección espiritual de un santo sacerdote ermitaño, el primero que cultiva sus ansias generosas de total entrega de servicio a Dios. De allí, confirmada su voluntad de consagración al Señor, se traslada a Arrizafa, cerca de Córdoba, en cuyo convento profesa como fraile lego en los Menores de la observancia franciscana. Desde este lugar comienza su itinerario limosnero y misional por incontables pueblos de Córdoba, Sevilla y Cádiz, dejando detrás de su paso una estela de caridad y milagros que aún pervive en las tradiciones lugareñas de no pocos de esos pueblos.

Pero el humilde fraile de «tierra adentro» había de enfrentarse, en su constante caminar, con las rutas del «mar océano», empresa en aquellos tiempos ni corta ni común. Las Islas Canarias, especialmente Fuerteventura, son ahora la meta de su itinerario misionero en calidad de guardián, para lo que fue designado hacia el año 1449. Su paso por las Islas Afortunadas quedó también marcado por obras maravillosas de apostolado y de caridad. Vuelto a la Península hacia el año 1450, en ocasión del jubileo universal proclamado por la santidad de Nicolás V, su piedad mueve sus pies camino de Roma para lucrar las gracias de aquel jubileo. Después de varios meses de peregrinar llega a la Ciudad Eterna al tiempo de la canonización de San Bernardino de Sena, cuyo acontecimiento, al congregar en Roma varios miles de religiosos franciscanos, había de ofrecer otra oportunidad a su celo y caridad ardiente con motivo de una epidemia habida entre los peregrinos llegados de varias partes. Fue el convento de Santa María de Araceli el lugar de su residencia durante tres meses.

Vuelve a España. Y después de un tiempo en el convento castellano de Nuestra Señora de Salceda, llega en su última etapa terrenal a Alcalá de Henares, en cuyo convento de Santa María de Jesús había de vivir los últimos años de su vida mortal para nacer a la gloria y a la santidad de los altares.

Esta breve consignación geográfica de sus itinerarios en aquellos tiempos, y en un humilde hijo pueblerino y religioso lego, es más que suficiente para poner de relieve su destacada personalidad, cuya base estribaba tan sólo en su santidad misionera y caritativa.

Si hubiésemos de sintetizar la fisonomía de su espiritualidad, dentro siempre del estilo franciscano de su vida, no dudaríamos en destacar la obediencia hasta el milagro, la sencillez y servicialidad sin límites, la caridad heroica para con todos, como las virtudes que le encumbraron a la santidad y que le hicieron famoso y hasta popular en vida y después de su muerte. El humilde lego que hacía salir a su paso a todos para verle y acogerse a su valimiento delante de Dios mientras vivía, había de congregar junto a su sepulcro a los grandes de la tierra después de muerto. Cardenales y prelados de la Iglesia, reyes y príncipes, hombres y mujeres del pueblo habían de ir, sin distinción de clases, al humilde religioso franciscano. Enrique IV de Castilla, primero; cardenales de Toledo, príncipes de España, el mismo Felipe II después, acudieron junto a su tumba, llevados por el mismo sentimiento de confianza en su santidad milagrosa, o hicieron llevar sus restos sagrados hasta las cámaras regias, como en el caso del príncipe Carlos, hijo del Rey Prudente, a fin de impetrar de Dios, por su mediación, la curación y el milagro. Nada menos que el propio Lope de Vega había de inmortalizar en una de sus comedias en verso el milagro del príncipe Carlos, que había de cantar, en la poesía del Fénix de nuestros Ingenios, el pueblo todo de España.

Nadie con más autoridad que Sixto V puede resumirnos las características de la santidad de Diego. «El Todopoderoso Dios -dice en la bula de canonización-, en el siglo pasado, muy vecino y cercano a la memoria de los nuestros, de la humilde familia de los frailes menores, eligió al humilde y bienaventurado Diego, nacido en España, no excelente en doctrina, sino “idiota” y en la santa religión por su profesión lego..., mostrándole claramente que lo que es menos sabio de Dios, es más sabio que todos los hombres, y lo más enfermo y flaco, más fuerte que todos los hombres... Dios, que hace solo grandes maravillas, a este su siervo pequeñito y abandonado, con sus celestiales dones de tal manera adornó y con tanto fuego del espíritu Santo le encendió, dándole su mano para hacer tales y tantas señales y prodigios así en vida como después de muerto, que no sólo esclareció con ellos los reinos de España, sino aun los extraños, por donde su nombre es divulgado con grande honra y gloria suya... Determinamos y decretamos -continúa la bula- que el bienaventurado fray Diego de San Nicolás, de la provincia de la Andalucía española, debe ser inscrito en el número y catálogo de los santos confesores, como por la presente declaramos y escribimos; y mandamos que de todos sea honrado, venerado y tenido por santo...»

Lo humilde y pobre del mundo fue escogido por Dios para maravilla de los grandes y poderosos de la tierra. En Diego se cumplió una vez más de modo esplendente el milagro de la gracia.

Así se consumaron las etapas del itinerario de San Diego de San Nicolás, quien entró en la inmortalidad bienaventurada el 13 de noviembre de 1463 en Alcalá, y en la gloria de los altares en julio de 1588, bajo el pontificado de Sixto V, culminando el proceso introducido por Pío IV en tiempos de Felipe II.

No queremos cerrar esta silueta sin consignar aquí un deseo y una aspiración de todos sus paisanos, y que será la última etapa de sus itinerarios y hasta una solución a la soledad en que hoy se halla su sepulcro. La etapa, triunfal y definitiva, de Alcalá, donde hoy reposa, a San Nicolás, la villa que le vio nacer, y en la que la devoción popular al santo Patrono y paisano espera tenerle lo más cerca posible, no sólo para honrarle como su santidad y gloria merecen, sino incluso para conseguir por su mediación valiosa la completa y plena restauración de la vida cristiana de un pueblo pequeño y humilde, pero que conserva la fe en su Santo, al que lleva siglos esperando".

Autor: Andrés- Avelino Esteban Romero | Fuente: Franciscanos.org
EL MOLINO DE VIENTO CON SUS ASPAS

Me dio mucha alegría cuando esta mañana el Sr. Alcalde, que no vi en el Mirasierra, me dijo que se le habían puesto las aspas al Molino de Viento. Un viento de esos que dan miedo, a principio de año, desmocho a nuestro molino.

En Campo de Criptana, han preparado las aspas y ya están colocadas. Como a un toro con los cuernos afeitados; eran sus atributos  perdidos, como un eunuco, cercenado.
Luce de nuevo, como los veía Don Quijote, como una gran monstruo. De nuevo es nuestro Molino. No dejen de verlo.

DMC,

11 noviembre 2010

ANIVERSARIO.
Es difícil hablar de los sentimientos, a veces es imposible, porque a veces, están tan metidos en el fondo del alma, que cuesta que afloren, que salgan al exterior.
Hoy recuerdo de manera especial a mi padre en su aniversario, ya 12 años, de su muerte. Sigo recordando paso a paso los días previos. Estuve en Baños a final de octubre de aquel año de 1998, el 24, 25. Al despedirme intuía que era el final, la última vez.  Estuve en Galicia, visite Santiago, le compre un rosario, lo pasé por la esclavina del Santo, al abrazarlo. Ya no se lo pude dar y lo enlace en sus manos, ya de cuerpo presente. Para mi es una reliquia.
Hoy cogí unas flores, crisantemos, unas rosa, y un manojo de romero; se lo he llevado al cementerio, y le hice una cruz encima de la lápida. Al cerrar la puerta del cementerio, pensé “Que solos se quedan los muertos”.
Papá siempre en mi recuerdo
DMC