Haciendo esquina se encuentra la casa blasonada, con los escudos de la familia de D. Enrique Muñoz-Cobo Jiménez, tío abuelo y mi padrino.

Mi tío Enrique, al que no puedo recordar, pues murió cuando yo contaba con un año, era una persona afable, campechano y muy campero; tenía caballos y coches de caballos, que conducía con mano experta. Le ayudaba Antonio Checa, que lo tenía de cochero. Muchas veces en los largos veranos, (solo había un taxi en el pueblo) se salía con el coche de caballos al Cruce a llevar o a recoger a alguno de la familia que venía o se iba en “La Pava”.

Siguiendo el callejón, a la derecha están los corrales de la casa de las Marquesas de Busianos y los muros de la Iglesia de San Mateo. A la izquierda y lindando con la que era de mi padrino, la llamada la Casa Grande.
La Casa Grande casi abandonada hasta hace unos años, tuvo en la parte baja unas aulas donde daban clase los maestros, recuerdo cuando se llevaba el trigo, ya que estaba el almacén del Servicio Nacional del Trigo y en otros tiempos estuvieron los Servicios de Auxilio Social, donde se repartía la leche en polvo, la mantequilla, las judías pintas y algún que otro colchón de la ayuda americana.
La Casa perteneció desde el siglo XVIII a la familia Pérez de Vargas procedente de Andujar emparentada por enlaces matrimoniales con ilustres linajes de Baños.
En el dintel hay un rosetón con motivo heráldico no bien visible y junto a la puerta, una piedra labrada que parece base de columna para ayudarse a montar a caballo.
Afea actualmente la fachada con piedra cortada con sierra y de un color que sabe a “nuevo” para la cochera bastante antiestético, abierto a mediados del siglo pasado y recientemente para mi gusto, muy mal resuelto. El interior de esta casa tuvo un magnifico patio porticado con columnas, desde donde arrancaba una estupenda escalera de piedra, hoy tristemente desaparecidos, llegando el edificio primitivo hasta la Cuesta de los Herradores. Parece ser que en esas casas vivian de los trabajadores de la casa
A mediados del siglo XVIII, cuando se hizo el censo llamado del marqués de la Ensenada, vivía en esta casa doña Francisca Luisa de Molina de la Cerda y Soriano, viuda de don Manuel Zambrana Dávalos, y como no tuvieron descendencia, pasó la casa por herencias y enlaces matrimoniales a la familia Pérez de Vargas. Su prestancia y estilo merecía una mejor restauración.
Al final la casa y tienda de Pedro Ortega, hoy “del Chato”, y el Pilar. Es una pena que no tenga agua. Recuerdo de pequeño, por la tarde y noche acercaban los muleros a las bestias, a beber agua.
¿No es posible que en el Pilar de nuevo corra el agua? Sin duda el agua, debe estar dando humedades a los vecinos. Poco a poco vamos dejando las cosas
DMC
[Datos sacados de “Juan Muñoz-Cobo “Baños de la Encina. Un poema de piedra y cal”.1997. Inédito]