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21 noviembre 2010

HIMNO AL AMOR.

Aunque yo hablara todas las lenguas de
los hombres y de los ángeles, si no tengo
amor, soy como una campana que resuena
o un platillo que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía
y conociera todos los misterios y toda
la ciencia, aunque tuviera
toda la fe, una fe capaz de trasladar
montañas, si no tengo amor, no soy nada.
Aunque repartiera todos mis bienes para
alimentar a los pobres y entregara mi
cuerpo a las llamas, si no tengo amor,
no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial, el
amor no es envidioso, no hace alarde,
no se envanece, no procede con bajeza
no busca su propio interés, no se irrita,
no tiene en cuenta el mal recibido,
no se alegra de la injusticia, si no que
se regocija con la verdad.
El amor todo lo disculpa, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo soporta.
el amor no pasará jamás.

SAN PABLO

PEGOTE EN EL CASTILLO. BAJO LA VENTANA

Cuando se limpió el castillo y se escavó, se montó por la ventana de poniente, una cinta trasportadora, para sacar la tierra, una vez que se había limpiado y se sabía que no quedaba ningún resto óseo.

Para esta se construyó un murete de piedra arenisca, nada que ver con la construcción autóctona, que queda en la parte baja de la ventana, que fue un postigo o puerta de escape, si fuera necesario, aun se ve dónde iban  enchanchados los pernos de la puerta.

El temor de estas cosas es que se deja y cuando nos demos cuenta, alguien pueda contar, cualquier” milonga” de ese murete, y que se perpetúe para siempre.

Es lógico que, para las obras se tengan que hacer estas cosas, pero una vez terminadas y ya va  a hacer más de  dos años, se vuelva el sitio como estaba.
A quien corresponda.
DMC