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30 enero 2011


CALLE CANTERAS DE BAÑOS DE LA ENCINA

Ahora no se ven las canteras, arranca de Mestanza; la recuerdo de solo la acera de dentro, de la derecha; aún queda alguna casa, bastante deteriorada y sin habitar.

Es la clásica casa de Baños; de una planta, puerta y dos ventanas a los lados, una de ellas dormitorio, la otra, la cocina, con fuego en el suelo, las trébedes, el  anafre, pucheros de barro vidriado, con las dos asas para darle la vuelta a la comida , la alacena como despensa; la mesa de madera, en el cajón los cubiertos; unas sillas de asiento de anea; un arca con pañito de adorno, alguna tinaja con su jarrillo de lata para sacar el agua y guardar en otras el pan, una pequeña con las aceitunas aliñadas y poco más.

La calle Canteras tiene una vista de ensueño; el Castillo y el Ruedo y las sierras colindantes. Hoy ya se construyeron casas en el otro lado, y  desde sus terrazas y salones, parece que se está flotando.

Esta noche de suave lluvia y humedad el Castillo emergía como un fantasma, pero la visión, la sensación, la grandeza, la lejanía, te llenaba el alma.

La semioscuridad, la iluminación, las sombras, te trasportaban a otras épocas de luchas, de asaltos y asedios, de conquistas, de otras gentes.

La vista de nuestro Castillo Milenario, desde todos los ángulos impresiona, a los que lo hemos visto desde que nacimos y a los forasteros, que nos visitan a diario y en mayor número los fines de semana. Los grupos que vienen, se pierden esta vista nocturna, con el aliciente de la fina lluvia, que sirve de cortina, de espejo, de reflejos múltiples, de neblina a lo lejos y de misterio.

Es una maravilla, un encanto, una preciosidad, para quedarse horas y horas en su contemplación, para recordar su historia, la de nuestro pueblo; sus épocas, sus penurias y sus momentos de esplendor , y como dos leones guardianes, siempre, siempre, el Castillo y la Iglesia, la Parroquial de San Mateo.

Llego hasta la calle Blas Infante, escaleras, casas nuevas y grandes; regreso, por Canteras, el agua dejo de caer; los reflejos de los charcos agrandan la calle, no pasa nadie, la calle esta desierta, algún sonido, voz o ruido, confirman que hay vida en las casas y que se retiraron a la intimidad de los hogares.

Yo sigo, en solitario, poco  a poco, mi camino, mi paseo, con mis pensamientos y mi cámara  y fotográfica, mi compañera y mi testigo.

DMC

3 comentarios:

yenifer dijo...

No se puede describir mejor las calles,le sigo habitualmente, pero hoy me ha tocado un poquito el corazón, por fin le tocó en parte a mi calle y donde viví durante tres años.
Gracias

Anna dijo...

Diego, las fotos son una maravilla, parece que estás pisando esas calles, un acierto hacer las fotos de noche
Un abrazo

Diego dijo...

Gracias, muy amable.