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01 mayo 2011



            JESÚS DEL CAMINO, TRADICIÓN Y LEYENDA

            La presencia de la pequeña ermita de este Cristo Crucificado en el Camino de la Virgen, no es obstáculo, sino etapa, y puede ser una de las tradiciones más antiguas de Baños, enraizada en los Evangelios. Cristo dijo: "Yo soy el camino" (San Juan, 14-6) y El nos lleva a su Madre. Si sabemos escucharla, nos repetirá aquello que dijo a los mayordomos de las Bodas de Caná: "Haced lo que El os diga" (San Juan, 2-5), regla de oro infalible en la conducta de todo cristiano.

            El Cristo del Camino está en su sitio, al pie de la Cuesta de los Santos, desde tiempo inmemorial como la tradición y la leyenda confirman. Esta ermita junto a la calzada romana de Iliturgi a Toledo, donde se hallan tantos vestigios romanos de monedas, cerámica y otros restos arqueológicos, hace pensar en muchas cosas.

            Los que ya tenemos años, oímos contar su historia cuando éramos niños, unos al amor de la lumbre en las crudas noches de invierno y otros al pasar por la ermita, pequeña como el Cristo que le da nombre, pero recia como un romance fronterizo y como la Reconquista, a cuyos tiempos se remonta; por eso nos descubrimos al pasar ante ella.

            Don Francisco Rus Puerta, cronista del Obispado, escribió en el siglo XVII que don Manrique Pérez de Lara, alférez mayor de Alfonso VII, tomó parte en la conquista de Andújar y permaneció en Andalucía "para que gobernase a los moros que quedaron y a los christianos, assí mozárabes como a los que dejó el Emperador". Es posible que este don Manrique, que hizo junto al Emperador Alfonso VII la victoriosa campaña por tierras andaluzas en 1147 en que por primera vez se tomó Baños, fuese aquel caballero de la Casa de Lara que afincase cerca de la ya entonces famosa Villa y hasta pudiera ser -porque los nombres se conservan a través de generaciones- que ya fuera de esta familia la que aún llamamos "La Casa de Manrique", caserío con olivar muy cerca de la ermita del Camino. Los hijos de su hermano don Nuño (Fernando, Gonzalo y Álvaro), el último alférez  mayor de Castilla y todos condes de Lara, acompañaron a don Alfonso VIII en la ocasión victoriosa de Las Navas.

            Liberada tras ella gran parte de la entonces diócesis de Baeza, quiso el rey Alfonso VIII que se extendiera por aquí la devoción a la Santa Cruz, a la que encomendó y atribuyó su triunfo sobre las huestes del emir almohade. Y así, como mandó erigir una capilla a Santa Elena en el lugar de la batalla -en cuyo entorno se formaría después la villa de este nombre porque a la madre de Constantino se debió el hallazgo de la Santa Cruz de Jerusalén-, de igual forma mandó levantar pequeños santuarios dedicados a Cristo en la Cruz para agradecerle la victoria que la misma Iglesia recuerda con la fiesta del Triunfo de la Santa Cruz el 17 de julio, día siguiente a la conmemoración de la batalla.

            De este modo surgió la ermita, mandando el rey al que quedó como gobernador de la alcazaba de Baños, que no faltara luz en la lámpara  que debía arder ante su imagen.

            Años más tarde, algunos moros de los que habían quedado en nuestra tierra acogidos a la magnanimidad del vencedor, llevados por su odio a la Cruz, robaron la lámpara y mutilaron el Cristo arrancándole los brazos. También asaltaron y saquearon el Santuario próximo de la Virgen de la Encina que el caballero Sancho Vizcaíno hubo de reparar con limosnas, obtenido para ello Bula de Indulgencia.

            Estos actos sacrílegos indignaron a los repobladores de Baños y a los mozárabes que habían conservado su fe, por lo que reunidos en acto de desagravio acordaron poner una lámpara nueva y más rica y restaurar la imagen, haciendo voto de mantenerla encendida con el aceite que produjera la aceituna arrojada en pequeños puñados por las ventanas de la ermita, por los arrieros que llevaban el fruto a los molinos, como se ha venido haciendo hasta tiempos bien recientes, encargándose el del "Lentisco" o "Casa de Manrique" de moler el de Jesús.

            La sencilla fiesta y romería instituida hace pocos años por el párroco don Francisco Fernández Gila el primer domingo de mayo para honrar a Jesús del Camino, es bueno que se mantenga porque compensa de algún modo la supresión de la piadosa costumbre de los puñados de aceituna para alimentar la lámpara, al imponerse nuevos medios de trasporte en consecuencia con los tiempos. Otra razón de mantenerla es por constituir un homenaje a la Santa Cruz -precioso símbolo de nuestra redención- y ser un preludio a la romería de la Virgen, que se celebra el domingo siguiente.

            La ermita de Jesús del Camino es de piedra de sillería con puerta de arco de medio punto dovelado y ventanas, que se reconstruyó en el año 1719 con materiales de la primitiva. Al picarse el arco y la fachada por don Juan García Rodríguez, descubrió bajo capas seculares de cal la  inscripción grabada  sobre la puerta "EGO SUM VIA".

            Debo a mi hermano Luis, conocedor de la historia y tradiciones de Baños, parte del relato que antecede, por habérselo contado un viejo y querido amigo de la familia que lo acompañó siendo muy niño al Santuario de nuestra Patrona, en cumplimiento de promesa por haber superado una grave enfermedad.

            El acompañante de mi hermano al Santuario de la Virgen de la Encina y a la Ermita de Jesús del Camino fue don Miguel Ortega Maeso.

(Del libro de mi padre "Baños de la Encina: Un viaje por su historia milenaria" Jaén, 1988) 






1 comentario:

tremendita dijo...

Diego, eres una enciclopedia andante, cuanto sabes por Dios.Me encanta leerte.

Saludos cordiales