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15 junio 2010

Rvdo. Don Francisco Solís Pedrajas.
Párroco de Baños de la Encina 1906-1913.
En proceso de Beatificación.
Apuntes biográficos por Don Francisco Caballé Cobo. Presbitero








 NO LOGRO DARLE ALCANCE

"Dentro del templo parroquial mayor de San Juan Evangelista de Mancha Real uno se siente como bajo un gran palio: varales finísimos de piedra, sus columnas; tisú viejo y riquísimo, sus bóvedas. Encanto y duende del renacimiento andaluz.
En ese marco, una tarde otoñal, al comienzo de los años treinta, en grupos muy ordenados, atendidos por los sacerdotes y algunos catequistas, eran adoctrinados los niños y niñas de la feligresía. De pronto, uno de aquellos niños, -¡seis años!- con silencio y cautela, apretó sus pasos en busca de la puerta sur del templo –la que da a la calle Maestra-. Silencioso también, salió tras de él el Sr. Prior; pero no solo no logró dar alcance al pequeño fugitivo, sino que resbaló y dio con sus honorables huesos en el suelo.
Al cabo de tantos años aquel chavalillo -¡quién lo iba a decir!- es un sacerdote con más de cuarenta años de ministerio, que, hace unos meses, recibió con tanta ilusión como temor, el encargo de escribir algo: una semblanza, unos apuntes biográficos -¡algo!- sobre aquel párroco de su niñez, que un día corrió tras él sin conseguir darle alcance y quedó tendido en los blancos mármoles del pavimento.
He escrito “con tanta ilusión como temor” porque eran esas las dos fuerzas antagónicas que pugnaban en mi espíritu: la ilusión de escribir algo sobre la gigantesca figura de don Francisco Solís Pedrajas, por una parte; y por la otra, el temor de no lograr dar alcance a su polifacético perfil. Porque el Párroco Solís es uno de esos hombres de Dios, sencillamente polifacéticos: fue predicar docto y elocuente, cargado de fama. Catequista sencillísimo, con los niños. Majestuoso, serio, rodea a los hombres grandes; y rodeado, -¿quién no lo recuerda?-, de los más débiles económicamente, que le seguían, desde la calle Maestra, hasta la casa hoy marcada con el número 40 de San Marcos. Suave y delicado -¡ni siquiera levantó la voz para intimidar al crío que se le escapó de la catequesis!-. Fuerte y firme para moverse y mover a sus feligreses a hacer algo más práctico que lamentarse en las situaciones más difíciles. Intrépido ante la muerte -¡es poco!-, gozoso ante el martirio, con un gozo contagioso que movió a cantar al Señor a los que con él iban a morir.
Se me van los meses corriendo detrás de su figura, sin lograr darle alcance… ¡Se ha vengado conmigo, seguro que sin pretenderlo!... Me ha derribado… Me deja rostro en tierra… Y si no fuera por el Amor a Cristo, por quien Don Francisco dio su sangre; si no fuera por el Amor a mi pueblo natal, yo no me correría el riesgo de quedar mal parado en este intento biográfico

MANCHA REAL
Yo, que mucho me honro y doy gracias a Dios de haber nacido y crecido en Mancha Real, no escribiría estas páginas, si con ellas echara un borrón a la historia de mi pueblo. Así lo digo. “No escribiría estas páginas”…, pero no es así, ¡no!... Don Francisco Solís sufrió el martirio en mi pueblo, pero mi pueblo no lo llevó al martirio. No salió hacia el suplicio de la cárcel de mi pueblo. Salió desde la prisión de la Catedral de Jaén cuyas llaves no estaban en las manos de mis paisanos. A él, y a sus compañeros de martirio, vecinos de diversos lugares de la provincia, los maniataron y llevaron al cementerio de Mancha Real otras autoridades… Mancha Real veneró en vida al Párroco Solís y le conserva, aún hoy, algunos signos externos de ese respeto.
Y no se argumente que los hijos de Mancha Real lo encarcelaron… Hacen falta muchas horas de reflexión para comprender el entorno sociopolítico de los primeros lustros de este siglo:
El Cardenal Albino Luciani, que luego fue Papa Juan Pablo I, en su “Carta a Charles Dickens” tiene un párrafo que bien podía describir, al menos en parte la miseria moral y material del campo andaluz de aquellos tiempos: “Pobre gente que vive en una miseria impresionante (…) Ningún sindicato que los defienda, ninguna protección contra la enfermedad o la desgracia; salarios de hambre”, cuando los había.
Una masa obrera, de familias, numerosas en su mayoría, que vivían y morían en ese entorno, se encontró arengada por oradores políticos que, con la incuestionable buena intención de levantarles de su miseria, pero con escasa preparación, unas veces y otras, con defectuosos planteamientos, excitaron el odio de aquellas pobres gentes. Y los levantaron absurdamente contra la Iglesia y sus ministros, que eran y fueron, durante siglos, quienes hicieron algo por los económicamente más débiles.
Nadie mejor que el propio párroco Solís supo dar en vida –lo veremos más adelante en un sermón suyo-, una lección de comprensión. En vida y en la muerte misma: su última tarea de pastor fue la de mover a sus compañeros de suplicio a perdonar a los que iban a disparar sus armas sobre ellos… ¡Sus últimas palabras fueron de perdón!.
Más bien, -misteriosos designios de Dios-, su sangre, como tanta sangre derramada precipitadamente en estas tierras, fue un riesgo bendito que, andando los años, trajo paz y prosperidad a La Manchuela, tan querida del endiosado Fray Juan de la Cruz.
¡Mancha Real, bella villa!... Yo no sé si en tiempos de San Juan de la Cruz se elevaban ya al cielo las coplas de tus álamos de “Las Pilas” y “El Soto”, -¡aquellas alamedas de mi niñez!-. Pero si así fuera, yo apostaría porque el Místico Doctor del Carmelo miraba al Soto desde las ventanas de su convento cuando exclamaba:
“Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura
y, lléndolos mirando,
con sola figura,
vestidos los dejo de su hermosura”.

CUNA DE MADERA

En el extremo occidental de la provincia, donde el Guadalquivir ya baja crecidito, en Marmolejo, donde las aguas han curado tantas dolencias, a eso de las dos y media horas del día nueve de julio de 1877, nacía un niño, primogénito de los consortes Miguel Solís Padilla y Antonia Pedrajas Rodríguez, carpintero, él; dedicada ella, a sus labores.
Aquel mismo día, en la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Paz, el recién nacido era hecho hijo adoptivo de Dios. Lo apadrinaba su abuela paterna. Don Antonio Rodríguez Montero, coadjutor de la Parroquia, se apuntaba el honor de bautizar una futura gloria del clero de Jaén, a un futuro mártir de Jesucristo, al que impuso los nombres de Francisco, José, Antonio, Juan, Alejandro y Julián.
¿De qué nivel era la familia Solís Pedrajas?, dejemos que Don Francisco mismo nos lo diga: “obrero soy yo también, hijo de la pobreza y el trabajo, y pasé los días de mi infancia a la sombra de un taller” (Sermón del 9 de octubre de 1915).
De todas formas, un carpintero, en un pueblo como Marmolejo, en aquellos tiempos, vivía modesta, pero no miserablemente.
Los padres se habían casado canónicamente en Marmolejo el día 11 de agosto de 1875. Después de Francisco, les nacieron: Manuel, que vivió y murió en Marmolejo; María del rosario, que acompañó siempre a su hermano sacerdote; casó en Mancha Real, fue madre de tres varones y murió allí. Y allí espera la resurrección junto a la tumba de su hermano.
El menor de los Solís Pedrajas, Miguel, murió muy joven en Baños de la Encina.
La madre, Dª Antonia falleció en Mancha Real el día 22 de enero de 1915, y sus restos mortales, exhumados de su primitiva tumba, se depositaron en el mismo ataúd de su hijo Francisco.
El padre, Miguel, murió en Marmolejo el 19 de julio de 1921.

SU SIGLO
Los últimos años del siglo XIX son, a la vez, los años finales de sus estudios teológicos y años de los que tenemos pocas noticias de su vida.
El Boletín Oficial de la Diócesis deja constancia, al final de cada curso, del buen expediente académico del seminarista Solís Pedrajas. Se anota que estudió “con beca de la Sra. Marquesa”. Los ingresos del carpintero de Marmolejo no daban para más.
El 22 de diciembre del año 1900, el obispo de Jaén Rvmo. Sr. Don Victoriano Guisáosla, con la imposición de sus manos y las de sus presbíteros, ordenaba sacerdote de Jesucristo a Francisco Solís.
Había empezado un nuevo siglo: el siglo XX y del que el nuevo presbítero solo viviría 36 años, tres meses y tres días. Años que él aprovecharía para crecer en el Amor a Cristo y a los hermanos, para hacer maravillas; para alcanzar un prestigio pastoral difícilmente igualable. Años que coronaría derramando su sangre por Cristo. Amanecía su siglo.
De aquellos primeros años de su vida sacerdotal sabemos poco. En el archivo de la parroquia de Santiago Apóstol de Valdepeñas, de la que fue coadjutor, aparece su firma “Francisco Solís”. Desaparece algún tiempo su nombre de los libros sacramentales, para aparecer de nuevo con la firma “licenciado Francisco Solís”. ¡Ya despuntaba su amor a los libros!.

ME LO CONTARON EN BAÑOS

Un buen día de agosto de 1906, se acercaba a Baños de la Encina, entrando por Matacabras, un joven sacerdote -29 años-. Ante sus ojos se extendía la villa mariana: arriba, a la derecha el santuario del Stmo. Cristo del Llano; a la izquierda, el entonces casi milenario castillo; en el centro, la iglesia parroquial de San Mateo Apóstol, en la que él venía a servir como párroco propio, en virtud de concurso oposición a curatos celebrado aquel mismo año. ¡Reciedumbre en rima consonante: la de aquellas edificaciones y la del nuevo párroco!.

Apenas instalado en el pueblo, se encaminó un día, entre hiladas de olivos, -plata y esmeralda-, hacia el santuario de la Stma. Virgen de la Encina, patrona de Baños, pasando junto a la ermita de Jesús del Camino, donde los olivareros, al pasar con su carga, en tiempo de recolección, dejan caer por la ventanilla un puñado de aceitunas para Jesús. Ya en el santuario, D. Francisco ora largamente y pone a las plantas de Nuestra Señora las ilusiones y proyectos pastorales de su corazón.

Así empezaba su andadura un sacerdote mariano, en una villa mariana.
Durante diecisiete años, con gozosa frecuencia, escuché los más entusiastas elogios del buen hacer pastoral de D. Francisco: “Predicaba mucho y muy bien”… “Consiguió una asistencia de público a los cultos, fuera de lo corriente en otros sitios”…

“Yo tenía siete años, -habla ahora lúcido un octogenario-, cuando Don Francisco se marchó de Baños, pero recuerdo que los mayores le veneraban, y elogiaban su arte de poner paz en las familias”.

Y otro octogenario, hombre muy culto, me dice que, siendo él muy joven, escuchó los reiterados elogios de Anica Antera que, ya muy anciana, recordaba con nostalgia a Don Francisco Solís, muchos años después de ser trasladado a Santisteban. Y concluye su relato con estas palabras: “Créame Vd (…) yo me encomiendo a diario a este sacerdote mártir, y le encomiendo esta querida parroquia”.

Lo que no me contaron en Baños fue lo relacionado con la muerte de Miguel Solís, joven estudiante de veterinaria, y hermano de Don Francisco. Yo lo había oído en mi pueblo, donde el párroco Solís narró, no sin intención pastoral, a un grupo de jóvenes.

Miguel cayó gravísimamente enfermo en Baños de la Encina. Y yo, a las puertas de la muerte, debió sufrir una fuerte prueba en su espíritu, durante dos o tres días. Y era tal su turbación que solamente la presencia de su hermano sacerdote, al que abrió su alma, le devolvía la paz. Y en esa paz entregó su alma a Dios Nuestro Señor.
Comentaba Don Francisco que aquellos últimos días de Miguel dejaron huella imborrable en su corazón de hermano y de sacerdote.

Ya he dicho que esto no me lo contaron en Baños, aunque di ocasión para que lo hicieran. Tal vez les impuso silencio el respeto a la intimidad de la familia Solís. Tal vez ese silencio tuviera sus raíces en el recato, serenidad y humildad con que Don Francisco y los suyos trataban sus asuntos personales y familiares.

EN COMISIÓN DE SERVICIO
Así fue. Desde mediado el verano de 1913, en el archivo de la parroquia de San Esteban, en Santisteban del Puerto se lee: “… el presbítero d. Francisco Solís Pedrajas. Cura propio de Baños de la Encina, en comisión de servicio en esta parroquia…”
La expresión “en comisión de servicio”, usada frecuentemente en la vida civil, no aparece sino raras veces en la vida eclesiástica a pesar de que a un sacerdote se le encomienden determinadas misiones y servicios “ad tempos”.
Ignoramos los motivos que determinaron al obispo Sanz y Saravia a confiar al cura propio de Baños de la Encina la cura de almas en Santisteban del Puerto.
Un día de junio de 1913, Don Francisco Solís bautizó en Santisteban del Puerto a dos varones gemelos a quienes impuso respectivamente los nombres de Guillermo y Francisco. Eran hijos de los cristianísimos consortes D. Pablo Álamo y Dª Balbina Berzosa, quienes habían acogido como huésped al párroco Solís.
Durante toda su vida, Francisco Solís guardó a esta familia un afecto de amistad, al que los señores Álamo Berzosa siempre correspondieron. Mantuvieron correspondencia espistolar. Don Francisco visitó en el Seminario de Baeza a los gemelos Álamo que llegarían a ser dos celosos y popularísimos sacerdotes en la Diócesis; y en junio de 1936, el Arcipreste Solís predicó en la primera misa solemne de Don Guillermo, en Santisteban.
Testimonia Don Guillermo que en Santisteban del Puerto se recordaba a Don Francisco Solís como párroco docto, celoso y piadoso.
En los pueblos de Jaén al párroco se le llamaba “Señor Prior”, denominación quizás procedente de las órdenes militares de Santiago y Calatrava, extendidas en su tiempo por estas tierras.
En el otoño de 1913 corría por Santisteban un rumor: “Dicen que el Sr. Obispo va a convocar para proveer importantes parroquias de las Diócesis. Dicen que el Sr. Prior va a ir al concurso. Pues si va, se ganará una de las mejores parroquias, porque mira que es listo. Y no se le caen los libros de las manos”.
En Santisteban, en “comisión de servicio” breve el paso; profunda huella.

SEÑOR ARCIPRESTE
Convocado nuevo concurso a curatos, en otoño de 1913, por el obispo Sanz y Saravia, componían el tribunal los canónigos Don Tomás Muniz y Pablos, que moriría siendo Arzobispo de Compostela; Don Pedro Poveda Castro Verde, fundador de la institución Teresiana, y don Cipriano Tornero, antiguo párroco de Mancha Real.
Ante ellos comparecía como opositor Francisco Solís, y con él otros sacerdotes que serían también mártires de Cristo.
Resuelto el concurso, Francisco Solís era nombrado párroco de la de San Juan Evangelista en Mancha Real. Y en febrero de 1914 se posesionaba de ella y era nombrado Arcipreste. Tenía 36 años, edad joven para los escalafones de entonces.
En Mancha Real se le imponía la tarea primera de reparar un poquito aquel bello templo renacentista: pavimento, reforma del presbiterio -¡acertadísima!- y, ajardinar los exteriores del templo en sus fachadas sur y poniente.
Entre tanto, el nuevo párroco observaba su feligresía, se informaba y se hacía cargo de la situación para emprender su tarea.

¿SOCIALISTA?
A aquel hombre de Dios se le abrasaban las entrañas al ver cómo sus feligreses obreros –la mayor parte de su feligresía-, se apartaban de la Iglesia y se iban a las filas del socialismo.
Analizó la cuestión y halló que las ofertas y promesas que el socialismo hacía a los obreros para librarlos de la miseria en que vivían eran en buena parte compatibles con el Evangelio.
Se conserva un folleto titulado “Sermón predicado en la Iglesia parroquial de Mancha Real, el 9 de octubre de 1915, por el Prior Don Francisco Solís Pedrajas”.
Aquella mañana de octubre, feria y fiesta en honor de la Stma. Virgen del Rosario, el celoso párroco desahogó su dolor por el hecho de que las ofertas y promesas a favor de los más débiles, que pudieran hacerse a la luz del Evangelio, se hicieran no ya fuera de la Iglesia de Cristo, sino en filas que se apretaban contra ella. Y sentó esta afirmación: “El socialismo pudo ser una realidad beneficiosa para todos al amparo de la Iglesia”.
Y dicen las malas lenguas que en este momento, algún oyente comentó por bajito: “¡Hasta el prior se ha vuelto socialista!”.
Claro que no era así. Lo que sí es verdad es que el párroco Solís siguió pensando que se podían hacer ofertas liberadoras a los obreros desde dentro de la Iglesia.
Por aquellos tiempos y dirigidas por pastores de la Iglesia y seglares con inquietudes sociales, se fundaron en España los sindicatos católicos, que sin implicaciones políticas, se ocupaban de los obreros. Y Francisco Solís se documentó en el tema, se puso en contacto con los promotores y fundó en Mancha Real un sindicato, allí conocido el “Sindicato Católico”.
Supe, hace años, por relato de personas de avanzada edad, que tras el Sr. Prior acudía al Sindicato una multitud de obreros, a los que él les exponía que Cristo vino a evangelizar a los pobres y que la Iglesia siempre dio acogida a los obreros. Que Cristo mismo fue un obrero en Nazaret.
Pero aquel hombre de Dios no caía en demagogias fáciles, ni acababa en mera palabrería. Y emprendió una obra de parcelación de terrenos, en la finca llamada “Los Cuartos”. Y, cuando iban a emprender otra nueva parcelación de terrenos, en el mismo latifundio, alguien se adelantó y adquirió aquellas tierras.
Por entonces el ambiente sociopolítico se oscurecía, día a día, por estas tierras andaluzas. La tarea de un pastor de almas se hacía cada vez más difícil.

EL COLEGIO DE SAN JUAN DE LA CRUZ
Suprimida por el gobierno republicano la enseñanza de la religión en las escuelas, se oía por doquier, de labios de muchos padres cristianos, un clamor de queja y lamentos. Don Francisco, como todos los hombres de Dios, procuraba siempre hacer algo más práctico que lamentarse.
Existía en la España de aquellos tiempos una institución dedicada a promover colegios con ideario cristiano: la “Sociedad Anónima de Enseñanza Libre” (SADEL). Y precisamente un mancharrealense, (manchego, se dice en la comarca), Don Luis Cubillo Valdés, era administrador de dicha sociedad. Con él trató el inteligente y emprendedor párroco acerca de las posibilidades de instalar en su feligresía un colegio “SADEL”.
Pero… ¿y los recursos económicos?... Pensó el celoso pastor en el proyecto y lo consultó con Nuestro Señor en la oración: estaba claro que “cada palo aguante su vela”. Y si los primeros responsables de la educación en la fe son los padres cristianos, ellos tenían que ser promotores y financiadotes del colegio para sus hijos.
Convocó a un primer grupo de padres de su feligresía: D. Eduardo Terrón, D. Javier Cabanillas, D. José María Porras, D. José Herrera, D. Juan Cavallé y otros. Cada uno de ellos expondría el proyecto entre sus parientes y amigos; y así fue como rápidamente cundió el entusiasmo entre muchas familias que, según sus posibilidades, suscribieron unos bonos o acciones de la SADEL. Y, en el año 1934 se abrió el “Colegio Sadel de San Juan de la Cruz”, que así se llamó en honor del reformador carmelita que, en el año 1586, fundó un convento de frailes descalzos en “La Manchuela”, (lo que entonces era Mancha Real).
Dotado el colegio de buen mobiliario y de material escolar, de lo mejorcito de aquella época, fue su primer profesor y director “mi querido maestro” D. Bartolomé Pérez del Moral, que vive en Jaén, y a quien debo parte notable de esta información sobre el colegio.
Para la sección de niñas, vino de Madrid Dª. Isabel Ordóñez Rellero, y para los pequeños, su hermana, Dª. Asunción.
“D. Francisco, -escribe D. Bartolomé Pérez- era el director espiritual del colegio y recuerdo sus homilías, tan llenas de enseñanza evangélica, a la altura de los niños, que asistían en corporación a la Santa Misa dominical. También nos dirigía y ayudaba en la preparación a la primera comunión de los alumnos”.
Las familias cristianas de Mancha Real tenía ya asegurada para sus hijos una enseñanza general básica (primaria, se llamaba entonces) de signo cristiano, y no clasista; porque, con la cooperación de los más pudientes, el colegio se abrió también para familias que no pudiesen abonar la bien módica cuota mensual por alumno.
Se conserva una fotografía de la sección de varones, en la que aparece un rebaño vario pinto de chavales, en torno a D. Bartolomé. Profesor y chicos rebosan satisfacción.
Así fue como el párroco Solís hizo frente al trascendental problema de la enseñanza cristiana de los escolares en su feligresía.

COMO UNA FUENTE
Atento a todo y a todos, con una solución eficaz para cada problema.
Al final de los años veinte, la imagen de San Juan Evangelista, procesionaba en Semana Santa, vino a caer en manos de un grupito de jóvenes, que no era precisamente un modelo de reverencia y piedad. El Sr. Prior expuso la situación a otro grupo de jóvenes, formados por él. Y nació una hermandad que procesionó a su Titular –titular también de la parroquia-, entre dos elegantes filas de penitentes, --túnica blanca, capaz y caperuz verde-. Lo cofrades formaron un coro de varones y cantaron el 27 de diciembre, la misa pontifical, 1ª de Lorenzo Perossi.
Si venía un año de escasez, de paro, de hambre, un comedor, sostenido con fondos de la conferencia de San Vicente y otras aportaciones, cocinado y servido por señoras de la feligresía, repartía raciones abundantes y numerosas.
Al comenzar en algunas diócesis de España el funcionamiento de la Acción Católica, D. Franciscose informó. Leyó lo escrito sobre sus objetivos y métodos, lo meditó, -como solía-, delante de Nuestro Señor y emprendió su organización en Mancha Real.
Pronto funcionaron las dos ramas, -varones y mujeres-, con cuatro secciones en cada una; niños –juniores y benjamines-, aspirantes, jóvenes y casados. A todos y cada uno de esos grupos daba personalmente un círculo de estudios semanal: comentario a un texto del Evangelio; un tema de moral, piedad y vida cristiana.
Sumaban ocho círculos semanales, a los que añadían su atención a catequesis, Tarsicios, Conferencia de San Vicente, visita a enfermos, confesionario –al que no faltó ni un día-, y la concienzuda preparación de su predicación.
Sin una profunda vida interior, sin aquella piedad mariana que siempre reflejó, no podría explicarse el hecho de verle sereno, sin prisas, suavemente sonriente.
“Me daría por satisfecho, -dijo alguna vez-, si al final de mi vida pastoral, quedasen aquí una docena de familias seriamente cristianas”.
Uno de los frutos pastorales que más se valoran en la vida de un párroco es el de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Y Dios regaló a D. Francisco, en Mancha Real, cuatro nuevos sacerdotes: D. Pedro López y López, D. Francisco León Carrillo, D. Juan Olid Martínez (mártir también) y D. Ramón Ruiz Cano.
He fracasado en mi intento de confeccionar la relación de chicas que, en aquellos años, en mi pueblo, se entregaron a Dios en la vida religiosa activa o contemplativa.
Trascendió su buen hacer en la Acción Católica y el Sr. Obispo le nombró consiliario diocesano de la misma. Cargo éste que le imponía nuevos quehaceres y desplazamientos…
Se le veía a veces junto con algunos sacerdotes, -los de su Arciprestazgo-, tan necesitados de compañerismo y aliento en aquellos tiempos difíciles.
Atento incansablemente a todo y a todos. Como una fuente que mana sin cesar.

YO, EL PRISIONERO POR CRISTO
Los primeros días de la guerra civil –segunda quincena de julio de 1936- fue detenido D. Francisco Solís. Y, en la estrecha e inhóspita prisión del partido judicial de Mancha Real, permaneció, junto con numerosos feligreses suyos, hasta mediado aquel sangriento verano.
La prisión provincial de Jaén era incapaz de “albergar” la oleada de “presos políticos” que a diario llegaba de diversos lugares de la provincia. Y las autoridades provinciales del Frente Popular decidieron convertir en cárcel esa bellísima joya arquitectónica del renacimiento andaluz, que es la Santa Iglesia Catedral de Jaén. Allí fue –oh sarcasmo-, encarcelado el Obispo de la Diócesis, Rvdmo. Don Manuel Basalto, junto con su Vicario General y varios señores capitulares. El Rvdmo. Prelado estuvo preso hasta agosto. Pronto el amplio templo catedralicio quedó repleto de presos, entre los que se contaban no pocos sacerdotes y religiosos. Allí ingresó también, “prisionero por Cristo”, Francisco Solís Pedrajas.
El Arcipreste Solís no tardó en descubrir la tarea que Dios nuestro Señor le ofrecía, entre aquellos hombres que, encarcelados en pésimas condiciones de higiene y carentes de la más elemental comodidad, aguardaban con horror un destino incierto y oscuro. Y se entregó de lleno a “iluminar a los que yacen en tinieblas y sombras de muerte”.
Entre los sacerdotes allí presos, había algunos muy mayores, cargados de méritos y de prestigio. Había capitulares ilustrísimos. Y, ante todos ellos, Francisco Solís no se consideraba competente para organizar una tarea pastoral. Pero su celo sacerdotal era incontenible y se desbordó en un trato amistoso, discreto y cordial con sus compañeros de prisión.
“Amigo generoso y leal que tanto contribuyó a sostener nuestros ánimos con sus exhortaciones”, -escribe el Rvdo. Del Río Alados, compañero de prisión-, y añade: “Escuchándole, se deslizaban las horas, en una placidez gratísima. Y se recibió en el corazón un baño de luz y de alegría, que ahuyentaba las tristezas y las sombras de esta noche interminable que materialmente nos aplasta”.
Pronto se extendió allí el influjo de su característica solicitud para consolar y fortalecer a todos los presos, -sacerdotes y fieles-, y se le encomendó la tarea de dirigir una meditación diaria, cautelosamente organizada en lugar discreto, y, predicaba en voz bajita, a la que asistía por turnos un grupo de presos, mientras otros espiaban los posibles movimientos de vigilantes o milicianos.

JUEVES SANTO EN PRISIÓN
“25 de marzo de 1937, Jueves Santo (…) Me asegura M. Rodríguez que tenemos que celebrar los oficios de día. Tenemos cálices y misales escondidos, pero ¿dónde las formas y un lugar que ofrezca un mínimo de garantías? Las hostias llegaron a tiempo (…) y, respecto al lugar, dimos con la mejor solución: la enfermería; en ella se van consumiendo los enfermos, -no faltaban tuberculosos en estado avanzado-, es un lugar sombrío, insano, tristísimo” (José Antonio del Río Alados) Realmente no era lugar apetecible para los vigilantes…
“Comienzan los oficios divinos –sigue escribiendo Alados-, ahora, para sacerdotes, después se celebrará segunda misa para seglares, los que recibirán la Sgda. Comunión por tandas, para no despertar sospechas. En una pobre mesa, habilitada para altar, se han colocado los ornamentos, y a ella se dirige Don Francisco Solís y comienza a revestirse: al ponerse el amito sobre el traje de paisano, siento una punzada fuerte en el corazón. La Santa Misa ha comenzado, y los sacerdotes nos hemos arrodillado junto al Altar: en verdad que nos vemos calumniados, pobres, despreciados, perseguidos, pero debo proclamar que nunca hemos gozado de tan amplia libertad de espíritu…”
Jueves Santo en la catedral de Jaén, convertida en prisión. 25 de Marzo de 1937. Allí están presos religiosos y sacerdotes beneméritos, doctos, capitulares ilustrísimos. Y entre todo ellos, se elige a Don Francisco Solís Pedrajas, para oficiar la “misa in coena Domini”: la misa del Jueves Santo… ¡Algo tendrá el agua, cuando la bendicen1.

EL ÚLTIMO
Muerto el obispo Don Manuel Basalto, los señores capitulares trataron en la prisión-catedral, de elegir vicario capitular o gobernador eclesiástico, mientras otra cosa no dispusiera la Santa Sede. Y abordaron al Arcipreste Solís para ofrecerle el cargo, prontos a darle su voto unánime, si aceptaba. Pero él, correcto y agradecido, confuso y sorprendido, se negó firme y decididamente a aceptar.
D. José Antonio del Río Alados solía leer sus escritos a D. Francisco Solís para gozar de su aprobación. Y, en una tertulia, en la sacristía, en presencia de D. Luis Fernández Seco, D. Lucas Sanjuán y García del Castillo, comenzó a dar lectura a un trabajo que Solís atendía con gestos de aprobación, hasta que la pluma de Alados hizo mención a la elección de Solís como gobernador eclesiástico de la Diócesis. “En aquel momento, -dice Alados-, me ví obligado a escuchar la más cariñosa filípica que se haya hecho contra un delincuente muy querido. Yo me defendía denodadamente:
- Pero dígame, Don Francisco, ¿es que es falso lo que refiero?
- “Es materialmente” cierto, pero sin el relieve que Vd. da a incidentes del todo insignificantes; y yo le ruego que modifique su escrito en el sentido de que, habiendo entre nosotros tantos sacerdotes dignísimos no me elija como prototipo, pues no es justo que, entre tantos heridos y mutilados, se acuerde del que no ha sufrido nada, fuera de la pequeña molestia de verme detenido.
- Le advierto…
- No prosiga; si algún ascendiente tengo sobre Vd., siquiera el de la amistad, insisto y le ruego no pondere incidentes minúsculos de mi vida, sin trascendencia alguna. Aunque yo le agradezco con toda mi alma su cariño, al que correspondo con todas las veras de mi corazón”.
Y Alados tuvo que plegar su escrito.
Era el primero para servir a los hermanos y se consideraba a sí mismo inferior a ellos.
“Todos los días, en la cola del rancho –comentaba D. Juan J. Guzmán- yo iba el primero y el Sr. Prior, el último”. Y claro está, el último ni llevaba la mejor ración, ni la más calentita.
Humilde y pobre. Nació (ya lo vimos) en la pobreza, aunque no en la miseria. Se ganó, a fuerza de codos, su beca en el seminario. Como párroco, vivió sobriamente. Tenía a mano una limosna para todo el que se la pedía.
Cuando su cadáver fue exhumado, para ayudar a identificarlo, su hermana Rosario indicó que en la ropa interior, debían hallarse las iniciales V.S. correspondientes a su primo Valentín Solís. Y así fue.
A su muerte no tuvo bienes inmuebles ni dinero alguno que legar a sus consanguíneos.
Pobre, humilde; pero no apocado o pusilánime. Que se lo pregunten a Alados.

IBAN CANTANDO
Una tarde de aquella tensa primavera de 1936, con ocasión de un visita de pésame, se improvisó una tertulia entre el Sr. Prior y algunos feligreses. Y surgió el tema de la tensión ambiental que España sufría por aquellos días:
“Eso, -dijo el profesor Peón-, tiene que desembocar en una guerra civil”.
“¿Una guerra civil?, -dijo el Rvdo. Solís-. ¡No lo permita Dios, querido Don Juan, porque Vd y yo seríamos de las primeras víctimas!”
Un mes después, se cumplía el presagio de Don Juan Peón. Y diez meses más tarde, se cumplía, por lo que a él mismo se refería, el vaticinio del Arcipreste Solís. Y fue así.
En esa cadena de represalias que es una guerra civil, el día primero de abril de 1937, la ciudad de Jaén –a unos cuarenta kilómetros de la línea de fuego más cercana-, sufría un bombardeo aéreo. Y, en represalia del bombardeo, alguien ordenó una “saca” de presos de la prisión-catedral.
La madrugada del cuatro de aquel abril sangriento, se manda a los presos levantarse de sus colchonetas… Una voz fuerte va nombrando a los elegidos, que, cautelosamente atados, son obligados a subir a unos camiones que les esperaban en la Plaza de Santa María… Pero démosle la palabra al Rvdo. Don José Antonio del Río Alados, compañero en aquella prisión:
“Los camiones, fuertemente escoltados, se deslizan por la carretera de Granada. ¿Cuál es su dirección? (…) Enfilan la carretera de Mancha Real… ¡Cuánto debió sufrir el virtuoso arcipreste al encontrarse tan cerca de sus amados feligreses!... Don Francisco no se entrega a estériles sentimentalismo, pues sabe que tiene una misión sagrada que cumplir: la de preparar y confortar a sus compañeros de suplicio para el trance supremo”.
El Arcipreste Solís gozó de bien merecida fama de orador sagrado; pero su peroración de aquella madrugada fue el canto del cisne. Del Río Alados pone en labios de Francisco Solís este párrafo: “Hermanos míos, no temáis, no. No tememos a los que matan el cuerpo y no pueden hacernos daño en el alma (…) Suspiremos más bien por la vida perdurable, que es la verdadera, y agradezcamos de todo corazón a Dios nuestro Señor el favor que nos otorga de predestinarnos, no solo a que creamos en Jesucristo, sino a que derramemos por Él toda nuestra sangre”.
Sea como fuera, la palabra ardiente del Párroco Solís, -y Alados la había escuchado horas y horas-, enardeció a sus compañeros de suplicio que, con él se arrancaron a cantar. En esto, todos los testimonios son concordes: Don Pedro Nieto, vigilante del cuerpo de prisiones, refería, días después, en la Catedral a Don José Antonio del Río Alados: “Cuando los llevaban al cementerio de Mancha Real, comenzó a predicar. Y ¡cómo pondría a los presos, que todos se pusieron a cantar!... ¡A cantar, Don José!... Esto no se ha visto nunca… ¡Pues sí, a cantar!... ¿Cómo les pondría la cabeza, Don José Antonio!.
Al pasar por la ermita de la Concepción frente al camino del cementerio cantaban “¡Sálvame, Virgen María!”, se ha comentado siempre en todos los ambientes.
Alados, en su citado trabajo, pone en bocas de aquellas víctimas el cántico “Ven Corazón Sagrado de nuestro Redentor, comience ya el reinado de tu divino amor”. La verdad es que, en los veinte kilómetros que se miden desde la Catedral de Jaén hasta el cementerio de Mancha Real pudieron entonar diversos cánticos piadosos.
Aquellos cánticos debieron poner nerviosos a los milicianos. Y cuenta del Río Alados, que alguno le dijo: “Sí, cantar, cantar…, si supierais lo que sus espera”… A lo que Don Francisco respondió: “¿Qué no lo sabemos?... Precisamente porque lo sabemos queremos confesar a Cristo, por última vez en la tierra…” Y dirigiéndose a los milicianos, continuó: “Nosotros estamos de enhorabuena, porque, a cambio de la vida que nos quitáis, recibiremos la vida eterna… Vosotros ¡qué lástima me inspiráis!... ¡Si conocierais lo equivocado de vuestro camino! (…) Porque, sabedlo bien, se acerca el día, yo os lo aseguro, en que sentiréis los mayores remordimientos por la enormidad del crimen que vais a cometer, y desearíais no haberlo cometido. Ese día, sigue diciéndoles-, acordaos de que los que van a morir a vuestras manos no os guardan rencor al expirar y honrad, siquiera ese día, nuestra memoria pidiendo perdón a Cristo Crucificado”.
Aquella noche, -la del 3 al 4 de abril de 1937-, no hubo en Mancha Real alumbrado eléctrico. Dos hombres, menudito y ya entrado en años, uno; alto, robusto y pletórico de juventud, el otro, atravesaban temblorosos aquellas tinieblas, en busca de un nuevo refugio donde ocultarse. Eran Alberto, el de Ramón Clemente y su hijo Ramón, sacerdote.
Entraron por la carretera de Pegalajar y, para no atravesar por el centro del pueblo, hicieron un largo y cauteloso rodeo: Alameda de Las Pilas, Callejuelas Altas, Calle de los Carreros y Egido, -hoy parque-, para entrar, por Las Cañadas de las Ánimas, en la calle General Ferrer (“La Zambra”). Llegados, padre e hijo, al Egido, consideraron más segura la entonces espesa alameda para detenerse y asegurar sus pasos hacia su ya próximo refugio, en el número 17 de la calle La Zambra…
Y fue entonces cuando los faros de algún vehículo que ascendía por la Lonja, les obligaron a pegarse materialmente al tronco de algunos de aquellos viejos álamos. Y desde allí, contemplaron atónitos el paso de unos camiones, cuyos ocupantes, formando un estremecedor coro de voces graves, entonaban cánticos religiosos.
Al final de la alameda, los camiones doblaron en ángulo recto hacia la izquierda, y sus faros iluminaron las tapias del cementerio… Alberto y su hijo empezaron, horrorizados a entender el enigma de aquellos cánticos… Y unas largas descargas de armas de fuego disiparon cualquier duda.
Largas descargas de armas de fuego… “Ya se habían despachado a casi todos, -decía Don Pedro Nieto, vigilante en la prisión-catedral y don Francisco, de pie, seguía cantando o rezando… ¡o qué sé yo!...”
Desde primera hora, y por todas partes, circuló el rumor de que muertos ya todos los demás, nadie quería disparar sobre Don Francisco Solís. Al fin, alguno decidido, nervioso u obcecado, puso fin a la vida del Arcipreste.
Eran las primeras horas de aquel 4 de Abril, Domingo octava de la Resurrección del Señor, “Domingo in Albis”, día óptimo para engrosar la muchedumbre incontable de los que “vinieron de la gran tribulación, y lavaron y blanquearon sus túnicas en la Sangre del Cordero”.
¡Y en su propia sangre derramada por Él! (Confer. Apoc. 7)
Acabada la guerra civil, se procedió a exhumar los cadáveres de Don Francisco y sus numerosos compañeros de suplicio, a fin de darles definitiva sepultura en sus tumbas familiares.
Por razones de higiene, no se permitió que los cadáveres fuesen llevados a la parroquia, para celebrar el oficio de sepultura. Pero el clamor popular pedía una excepción para su párroco mártir. Y, en efecto, sus restos mortales, encerrados en sencillísimo ataúd y seguidos de una multitud incontable de hombres y mujeres, de todas las edades y condiciones, desfilaron desde el cementerio al templo parroquial, donde se cantó el oficio de sepultura. Acabado éste, el cortejo volvió al cementerio donde los restos del mártir recibieron sepultura, junto con los de su madre en la capilla parroquial, a la izquierda según se entra.
Yo invito hoy e interpelo a los más ancianos de mi pueblo a que me digan si vieron jamás en Mancha Real una manifestación de duelo más numerosa, más variopinta; que me diga, si vieron jamás un llanto silencioso y multitudinario como el de aquella tarde del sepelio de Don Francisco Solís.

A LOS CINCUENTA AÑOS…
Hemos oído ya esa pregunta: ¿Por qué se ha dejado pasar más de medio siglo sin escribir una página sobre este hombre de Dios?
No se puede decir que no se haya escrito nada sobre él. En este mismo trabajito se citan ampliamente algunos artículos, formados por un compañero suyo de prisión, y llenos de objetividad, de belleza y discreción.
Lo que sí es verdad es que nadie se atrevió a escribir una biografía sobre el Arcipreste Solís. Y eso que no faltaron personas muy cercanas a él, capacitadas y documentadas para haber escrito. Pero han muerto sin intentarlo.
¿Por qué no escribieron? ¿Por temor a la grandeza de su figura? ¡Desde luego que inspira un serio respeto y que no se logra darle alcance! ¿Temieron al españolísimo fenómeno de la politización de las cosas de la Iglesia, de los dichos y hechos de sus ministros?
Es cierto que comporta sus riesgos ese españolísimo vicio. Y hablo en presente porque el fenómeno sigue siendo de actualidad y hoy, no menos que ayer, se politizan y manipulan las cosas de la Iglesia y de los eclesiásticos en muchos medios de comunicación social.
Ciertamente en la postguerra se confeccionaron las llamadas listas de los caídos, que solamente relacionaban los muertos en la denominada “zona roja”. Y en dichas listas se indican los nombres de obispos, sacerdotes y religiosos muertos por ser tales, y auténticos mártires de Cristo. Se relacionaban también nombres de seglares muertos por su condición de directivos de Acción Católica o por otras relaciones notorias con la Iglesia de Jesucristo. ¡Mártires también! Otros de los incluidos en aquellas listas habrán muerto por notorias implicaciones sociopolíticas.
¿Se temía a extraer de aquellas relaciones de “Caídos por Dios y por España algunos nombres más sacros?... ¡Pudo ser!... El hecho es que, pasaron los años y tampoco los que íbamos madurando nos atrevimos a escribir. Confieso que yo sentí cariño y curiosidad por la figura de Don Francisco, y los recuerdos de mi niñez me hablaban mucho de él. Pero sinceramente, no pensé en escribir, hasta que hace más de dos años, el entonces Vicario General de la Diócesis, Don Félix Martínez me invitó a hacerlo. Tarea que emprendí y a la que me ha animado no poco el Ilmo, Sr. D. Jesús Moreno Lorente, actual Vicario General del Obispado.
Pienso, sin embargo, que lo que hoy escribimos sobre nuestro párroco mártir a los cincuenta años, está ya depurado por la Historia, que nos hace más objetivos, más desapasionados, más comprensivos.
Hoy la figura gigantesca del Arcipreste Solís se alza limpia sobre su tumba sin adherencias.
Él fue tan solo sacerdote. Sacerdote de Cristo cien por cien. Fue párroco de todos sus feligreses, saliendo con remedios eficaces, a favor de sus almas en todas circunstancias. Fue tiempo difíciles. “FUE HOMBRE DE DIOS” (1 Tim. 6, 11).

Santuario de Tíscar, Agosto 1991
Jaén, Navidad, 1992
Francisco Cavallé Cobo
Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Jaén.


Se han consultado:
Los archivos parroquiales de Marmolejo, Valdepeñas, Baños de la Encina, Santisteban del Puerto y San Juan Evangelista de Mancha Real.
Boletín Oficial Eclesiástico de la Diócesis: años 1855, y ss; años 1900, 1912 y 1913.
Sermón predicado en la Iglesia Parroquial de Mancha Real el día 9 de octubre de 1915, por el Prior Don Francisco Solís Pedrajas. Madrid Imprenta de Ramona Velasco, 1915
Revista “Paisaje”. Jaén. Números de noviembre de 1951 y abril de 1953. “Ilustrísimos Señores” de Albino Luciani BAC. Obras completas de San Juan de la Cruz BAC.
La apostasía de las masas. J. Ordóñez Márquez. Madrid, 1968."



05 septiembre 2009

UN DIA CON DON MANUEL EN PORCUNA.
El día 29 de julio, Don Manuel Casado, nos invito a pasar el dia en su casa de Porcuna, bueno a las afueras, en una finquita preciosa y cuidada y en una casa muy acogedora.Después de Misa de 10 salimos, tres adultos y tres perros, que se portaron muy bien en el viaje.
Entramos en el pueblo para comprar carne en el mercado , pasamos por la parroquia que cumple ahora 100 años y ya pasamos todo el día en la finca, le llaman en el pueblo “Castell Gandolfo” emulando la residencia veraniega del Papa.Una piscina con agua cristalina nos recibía, y después de enseñarnos la casa al baño, hacia calor, bastante calor.La casa esta rodeada de olivos, jóvenes, que cuida con espero, y en el pórtico una parra, le da ese sello de las casas de campo.Don Manuel era el anfitrión y el cocinero, magnifico, nosotros actuamos de pinches. La cerveza estaba helada y empezamos con unos aperitivos: almejas salteadas, una suculenta pipirrana, langostinos cocidos, choto al ajillo y unas cuentas cosas mas, dejando las chuletas de cordero, a la brasa para otra ocasión.Después una reparadora siesta, y al agua de nuevo. ¡Una delicia! Hablamos sin descanso, comimos de maravilla y cuando nos dimos cuenta eran mas de las nueve, seguía en calor, el coche y a Baños.Gracias Don Manuel por ese día tan estupendo. Hay que volver.
DMC

22 julio 2009


BRAULIO DIAZ GARCIA, HA MUERTO

De casualidad me acabo de enterar de la muerte de Braulio, el Capataz de la Virgen de los Dolores, el amigo Braulio, el compañero Cofrade, el amante de su Virgen, de su pueblo, de sus amigos y de su familia.

En Mayo, con la carretera cortada, me lo encontré una tarde a la entrada a su huerta, pare un rato. Siempre me decía “lo que te gusta el pueblo”.

El Jueves Santo paraba a la Virgen en la puerta de mi casa, donde le cantaban a laVirgen Federico, Pedro “El Pinche”, o Faustino. Con que ojos miraba a su Virgen, con que devoción y emoción escucha la saeta.

No tenia prisa, llevaba a la Virgen, por las calles de Baños, a la Virgen de los Dolores, para que viera el pueblo y todos los del pueblo la viéramos a Ella.

Señora, Dolorosa, con que mimo, con que suavidad, mandaba a los costaleros. “No le hagáis daño, parece que les decía, al subirla”,”que esas espadas no se le claven mas adentro”. “Mecedla con cariño, con amor, con mucho amor”.

A partir de ahora veremos a Braulio por nuestras calles y plazas, por las calles y plazas del Cielo, llevando a su Virgen de los Dolores, a nuestra Virgen.


Mi sentido pésame a su esposa e hijos, a su familia, a la familia de la Cofradía de la Virgen, y de todas las Cofradías de Baños.

Ahora ya con tu padre, te cantara la saeta de la despedida, mientras que tú seguirás acompañando a tu Virgen, para siempre.

Gritaremos nosotros ahora: Braulio ¡Al Cielo, pero tu, con Ella! Alli estas, a su lado.

Descansa en la paz del Señor Resucitado y de su Madre, la Virgen, de los Dolores, amigo, hermano cofrade, te recordaré siempre. Un abrazo.

Diego

25 marzo 2009

SAGRARIO. RECUERDOS DE "OVOALES"

 

Te  recuerdo de muy pequeño siempre, Sagrario, vestida de  negro, y claro, luego ya caí en la cuenta, tu padre Eduardo murió en 1952 y tu madre María Antonia en 1955: Te recuerdo con tus muletas, tus bastones, en la calle, en la Iglesia, en la sacristía, yo tenía en esas fechas 8 y 10 años.

Desde el año 2000 éramos vecinos: Tú vivías en casa de tu hermano Eduardo y al pasar por la calle, te veía por la ventana, sentada en la silla de ruedas.

En estos últimos años, salías al paso de la Virgen de la Encina, tu Virgen, al portal y el trono te lo paraban. Tus ojos clavados en la Virgen y tus labios, sin cesar de moverse, rezando y rezando.

Tu me llamabas Ovoales, era en la época de Don Sebastian Izquierdo, párroco de Baños y gran sacerdote, y conocido de mi familia, (con 12 ó 13 años pasé unos días en su casa de Úbeda; atendía entonces, ya jubilado, la Iglesia de la Trinidad). Don Sebastian, un día al preguntarme, me lo recordabas  en tu casa, por mi nombre, yo con poco mas de 3 años, nerviosillo y un poco tartamudeando, le contesté, que Ovoales (mi nombre y apellidos, mal dicho  y muy deprisa (Diego Muñoz.Cobo Rosales). El sacerdote, murió ya hace unos años y tú, creo que eras la única persona, que  aún me llamaba así.

 Recuerdo hace tres veranos, que  pasé a tu lado toda una mañana  en Linares, en casa de tu sobrino Eduardo, me tatareabas  canciones   y  me recitabas poesias; contabas cómo me habían bautizado en la Festividad del Corpus, con un solo día de edad; había nacido el día anterior; me hablaste de canciones y poesías, de mis familiares, de tus padres, de la familia. Me rezaste la  Salve a la Virgen de la Encina, que ya Pedro Cózar me había mandado. Fue una mañana inolvidable.

Me pediste que buscara,  como una obra de teatro, sobre la Virgen de la Encina, que recordabas de pequeña, y ni en las cosas de casa de mis padres, ni en la familia, ni en donde pregunté,  pude encontrar nada.

La semana pasada estuve en Baños, para el cumpleaños de mi madre, me enteré de tu  delicada situación, que te habían llevado a Jaén. Llamé a Pedro, tu sobrino, y no quise perturbarte; siempre tenias la casa llena. Si rezamos muchas personas en Baños, por ti.

Hoy con estos recuerdos quiero despedirme y decirte que ya, como  Cirenea toda tu vida, has dejado la Cruz que te mandó llevar el Señor,  para gozar  a su lado  para siempre, eternamente,  junto a tu Virgen de la Encina y a Jesús del Llano.

Descansa en la paz del Señor.

Un beso. Ovoales

 

10 marzo 2009

HISTORIA DE UNAS FOTOGRAFIAS
Hipólito López Martínez, lo llamábamos “Polito” y vivía en la Cestería. Hombre de sierra, de vacas, de carbón, de espárragos. Ya he contado que un Miércoles Santo me llevó por encima de la Virgen de la Encina de espárragos y me dio una paliza de muerte, ahora cogimos, todos los espárragos de la sierra, casi los conocía por su nombre. La mostela era de exposición Para mi era el mejor cogedor de espárragos de Baños.El año anterior lo empecé a tratar y la verdad es que me quería como a un hijo; cuando la Semana Santa, en los años ochenta, pasaba por un serio bache. Estuvimos todos los días de Jueves Santo a Domingo de Resurrección con el Abrazo, sin relevo llevando el trono de las Virgen de los Dolores, que entonces iba con ruedas, y los porteadores sin túnicas ni otras insignias, pero con gran devoción y sacrificio. Las muchas horas, uno al lado del otro, los ratos de silencio y de meditación, nos unieron mucho.El Viernes Santo de 1985, en la plaza, por la acera de las Viudas, entonces daban las procesiones la vuelta a la plaza, hice esta fotografía, que gracias a la Virgen, salió muy linda; a mi me gusta mucho.Sabiendo el gran amor de Hipólito a la Virgen de los Dolores, le regalé una reproducción en grande, al sacarla del sobre y mirarla, con los ojos llenos de lágrimas, no pudo decir nada de la emoción que tenía. Luego ya mas sereno, me dijo que le pondría el mejor marco y que la tendría en el lugar preferente de su casa.
Hipólito tenía mal los bronquios, y subiendo de la Cestería por la calle Fugitivos, se ahogaba y si sabia que estaba en Baños, me buscaba y me besaba como a un hijos. Hablábamos de muchas cosas y siempre salía su Virgen de los Dolores
A veces iba a la Casa del Pueblo o se sentaba en el banco corrido de la fachada de Mirasierra. Allí un día con su gorrilla y su garrota,  le hice una colección de fotos, que fue el tema  de tertulia y admiración del corrillo del Mirasierra. Le gustaron mucho y las iba enseñando por el pueblo.
No estaba en Baños cuando murió,  bien que lo sentí. Un día, al darle el pésame a su hijo Pedro, me dijo, que en el nicho, le habían puesto, esas dos fotografías: la de su Virgen de los Dolores, que con tanto tanto cariño le regalé, y tanto queria y una de las que le hice en la puerta de Mirasierra.
Amigo Hipólito, hermanos los dos de la Virgen, siempre te tendré en el recuerdo. y en mis oraciones.
Diego

02 marzo 2009

CIENTO UN AÑOS DE LA MUERTE DE MI BISABUELA JUANA
Hoy se cumplen 101 años de la muerte en Arjonilla de mi Bisabuela Doña Juana Jimenez del Mármol, que había nacido en Baños, en la Calle Mestanza, númeroº 10, donde según documentación relacionada con el Patronato del Santo Cristo, sus padres tenían “su casa morada”.
En el Libro 21 de Bautismos de la Parroquia de San Mateo de Baños, en el Folio 112 vto , ce dice literalmente:“En la Villa de Baños a siete días del mes de Febrero de mil ochocientos cuarenta y seis años, yo el Don Francisco Hidalgo y Ortega, Cura de la Iglesia Parroquial de Señor San Mateo, única de esta Villa, bauticé y crismé solemnemente en ella a una niña que dijeron nació dicho día a las dos de la madrugada, hija legitima de Don Joaquín María Gimenez natural de la Villa de Arjonilla y de Dª Catalina Josefa del Mármol de esta naturaleza y vecindad. Le puse por nombre Juana Francisca de Paula, María de los Dolores, Josefa, Ramona de San Romualdo. Abuelos paternos Don Bernardo María Gimenez del Rio natural de la citada Arjonilla y Dª Luisa María Pérez de Bargas y Álvarez, natural de la Ciudad de Andujar, abuelos maternos Dº Juan del Mármol y Lechuga, natural de esta Villa y Dª Juana Francisca Salido natural de la Ciudad de Ubeda; fueron sus padrinos nombrados por dichos sus padres, Dº Juan Francisco Salido y Dª María de le Encina Escalante, a quienes advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones Cristianas y lo firmé. Francisco Hidalgo y Ortega.Rubricado”


Mi tatarabuela, nació en Baños el 7 de febrero de 1846, hija mayor del matrimonio formado por don Joaquín María Jiménez y Pérez de Vargas --natural de Arjonilla, hijo del Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Ronda, Don Bernardo Jiménez del Río y hermano de don José María, conde de Monte Real-- y doña Catalina Josefa del Mármol y Salido, hija única del Notario de Baños don Juan-Tomás del Mármol y Lechuga y Doña Juana Salido.

Mi bisabuela paterna doña Juana casó con mi bisabuelo don Diego Muñoz-Cobo y Arredondo en el año 1867, en Baños; él era Caballero Comendador de la Orden de Isabel la Católica, nacido en Torreperogil, y fallecido en Baños el 9 de febrero de 1919, donde accidentalmente estaba pasando unos días con su hija Concha, y desde entonces estamos en Baños los que llevamos el apellido Muñoz-Cobo, procedentes de Arjona, Torreperogil y Villa del Río, donde en 1817, al acabar la Guerra de la Independencia y por la ayuda que prestó en ella, se concedieron los títulos de Vizconde de los Llanos y Marqués de Blanco-Hermoso a mi antepasado don Juan Antonio Muñoz-Cobo y Calleja.
Era una excelente poetisa y entre las obras poéticas de la bibliografiada figura una “Plegaria a la Virgen de la Capilla”, premiada y publicada en un “Obsequio Poético” a la Patrona de Jaén en 1866, Se publicó completa en este blogs el día 7 de octubre de 2008. Ahora incluyo solo las dos primeras estrofas.


Dadme la lira, espíritus
que en celestial acento
cantáis que es un portento
de María la virtud;
prestarme vuestras voces,
y hasta su trono santo
elevará su canto
mi destemplado laúd.

Canoras avecillas
cuyos acordes trinos
como cantos divinos
mil veces escuché;
prestadme vuestras lenguas,
mandadme su armonía,
y cantaré a María
el canto que soñé.



Murió, como se ha dicho, en Arjonilla el día 2 de marzo de 1908 y fue madre de siete hijos, todos nacidos en Baños, entre ellos mi abuelo Luis, y por ella le pusieron a mi padre el nombre de Juan, que nació el año siguiente, 1909.
DMC.




09 febrero 2009

HOY DÍA 9 DE FEBRERO DE 2009, SE CUMPLEN 90 AÑOS DEL FALLECIMIENTO (HECHO OCURRIDO EN BAÑOS EL 09.02.1.919) DE MI BISABUELO D. DIEGO MUÑOZ-COBO ARREDONDO. LA REVISTA DE JAÉN “DON LOPE DE SOSA”, PUBLICÓ LO SIGUIENTE:



"MUÑOZ-COBO Y ARREDONDO

La cultura provincial ha sufrido el día 9 de este mes una dolorosa pérdida. A los 65 años de edad ha fallecido en Baños de la Encina el notable periodista, poeta y literato Istmo. Sr. D. Diego Muñoz-Cobo y Arredondo, que representó en la Diputación los Distritos de Úbeda, Carolina y Villacarrillo-Orcera. Era Comendador de Isabel la Católica y caballero de Carlos III. Había nacido el Torreperogil y actualmente residía en Arjonilla. Colaboró asiduamente en la prensa de Madrid y en la provincial y dirigió el periódico “El Husar”, que se publicó en Jaén hace 30 años. Dotado de un sutil ingenio manejaba la sátira y la ironía con la exquisitez de un clásico. Aún se recuerdan sus artículos llenos de donaire y gracejo, sin que en ellos se llegara nunca a la ofensa personal, tan

fácil de producirse en este delicado género de la literatura periodística.

Escribió trabajos literarios de verdadero mérito y como poeta hizo hermosísimas composiciones. Sus escritos inéditos y sus impresiones íntimas, constituirán, si se publicaran, una excelente historia contemporánea de los hombres que en la esfera inteligente han vivido en actuación laboriosa durante 50 años en la provincia de Jaén. DON LOPE DE SOSA, que en próxima ocasión hará mención justísimo de la personalidad intelectual del Sr. Muñoz-Cobo, envía su pésame sincerísimo a sus hijos D. Diego, D. Joaquín, doña Concepción, D. Enrique y D. Luis Eugenio, así como la demás familia doliente en la que figura el venerado catedrático y exdirector del Instituto de 2ª enseñanza de Jaén Istmo. Sr. D. Luis Enrique Muñoz-Cobo Arredondo su hermano.

[Crónica de urgencia ante la muerte]
LITERATOS Y PERIODISTAS EL HUSAR.

Diego Muñoz-Cobo Arredondo. Es el retrato que acompaña estas líneas el del brillante periodista y notable literato D. Diego Muñoz-Cobo y Arredondo, fallecido en Baños de la Encina el 9 de febrero de 1919. El retrato no es de los últimos días de su vida, sino de la época más intensa de su producción intelectual. “Cada hombre es de su tiempo”, dice el axioma; e interpretando a su manera DON LOPE entiende que la figura de un hombre que se conserva para la posteridad, impresa, pintada o esculpida, ha de ser la de aquellos días de su edad en que, plena de esa vida y de esa inteligencia, culminó su obra y abarcó, desde la cima, mas amplios horizontes, mas extensión de trabajo, mas serenidad de altura. He ahí Muñoz-Cobo, en aquellos años del 1880 a 1890, cuya década fue la mas laboriosa, activa y fecunda de su entendimiento.No va Don Lope a ocuparse de la política, que en esta materia no tiene mas texto, como buen hidalgo español que la Política de Dios y gobierno de Cristo; ni va a hablar del Alcalde del histórico pueblo de Baños de la Encina, celoso por el bien de la comunidad; ni va a traer a cuenta gestiones muy provechosas del diputado de la provincia; ni va a relatar los méritos con que ganó condecoraciones muy dignas; que dignas y estimadas fueron escaso premio de su actuación leal e inteligente. Don Lope va a recordar solamente la obra del periodista, como literato, y del literato como literato. Diego Muñoz-Cobo empezó a escribir desde sus juveniles años de estudiante en Baeza, allá por el 1860, cuando le alentaba Patrocinio de Biedma, la eximia poetisa por la que sintió siempre profunda admiración. Diego Muñoz-Cobo terminó de escribir pocas horas antes de su muerte, a los sesenta y cinco años. Un día sin trasladar al papel una impresión, en verso o en prosa, hubiera sido para él una fecha perdida en el dietario de su existencia. Una cuartilla y una pluma, eran su alegría en las desventuras y su ventura en las horas felices. Parodiando –si él no hubiera odiado las parodias—habría podido exclamar: “Mi ocupación son las letras, mi descanso el escribir”.


Escudo Muñoz-Cobo de la lápida sepulcral del castillo

Allí está Diego Muñoz-Cobo.La literatura y el periodismo, se dividían entonces en bandos: el bando para el estímulo, para el esfuerzo, para la mayor potencialidad creadora, pero no en bandos para clasificar en casillero los efectos y los valores relativos.El supremo magisterio tenia honores de Maestrazgo; el Maestrazgo de la Orden Militar de la Péñola y había para el maestro amor, respeto y disciplina. Llevaba Almendros Aguilar la española caballeresca figura prócer del Maestre y ganaba victorias haciendo fraternizar a los bandos literarios con los dulces sones de la espada y la pluma. Dirigía Pedro de la Garza, La Libertad, y en ella colaboraban, Muñoz-Cobo, Mariano Extremera, “el escultor griego de la sátira política”; Andrés Jurado de la Parra (Valladares), el generalísimo humorista cuya ironía era hermana gemela de su gracia no superada por nadie en las provinciales letras; Manuel Montero, el escritor sereno, ecuánime, heredero de su padre el gran Montero Moya, sobrio en el decir, pero temible por la agridulce prosa de sus epístolas y por el donaire zumbón de sus versos: los versos del llorado Amarguillos.
Mi bisabuelo con mi padre en Arjonilla 1918

Y estos que escribieron en La Libertad, escribieron o colaboraron en El Husar, en cuyo periódico, rodearon como marco de buenas maneras, la figura de Muñoz-Cobo, así como él había rodeado otras figuras, al cooperar en otras publicaciones que no tuvieron su dirección y por lo tanto carecieron de su sello individual característico.

Mi bisabuelo con la Diputación de Jaén

En aquella década y en años posteriores, inmediatamente a ella, ya residiendo en Jaén por sus deberes de diputado, ya en Baños o en Arjonilla, colaboró en la prensa de Madrid; en El Diario Español, de Ortiz de Cantos; en El Resumen, del mayor de los Figueroas; en El Nacional, del menor de ellos; en El Día dirigido entonces por Manjón, otro notable periodista comprovinciano nuestro.Por su íntimo afecto con periodistas, llevó su asidua colaboración a El Adalid de Córdoba, de Enrique y Julio Valdelomar; a El Cronista de Sevilla, de Lorenzo Leal; a La Ilustración Venatoria de Madrid, de Gutiérrez de la Vega, y a El Campo, de Albareda, su buen amigo, camarada y maestro Pepe Luis. Bisabuelos Juana y Diego en 1867, al casarse

Cuando Muñoz-Cobo se encasilló en su casa de Arjonilla, preso de los desengaños de sus políticos amores –como el trovador Marcial, preso de su dama, en el Castillo de la villa de que era Señor el Marqués de Villena,-- escribió poco, para publicarlo. Sus impresiones diarias, las leía a sus hijos, --su público mas querido, su público mas sincero—y las rompía después. Eran casi siempre esos trabajos efectivas expansiones espirituales, cálidas al nacer porque brotaban de un corazón de niño, pero enfriadas al final por la nieve de la experiencia que labran lentamente las horas que pasan. De tal destrucción de cuartillas, salváronse algunas joyas literarias espléndidas; una Carta a Julio Burell, cuando fue en Jaén Gobernador civil; algunos trabajos para Juegos Florales; algún madrigal para un abanico, algún soneto como chispazo luminoso de la, ya entre cenizas, lumbre de sus entusiasmos.
Componía yo el 1911 el Libro “Poetas y Poesías” y accediendo al noble amigo, al hombre bueno que para todos tuvo los tesoros de su alma y de su fortuna, le pedí una suya para insertarla en aquella obra. La que me envió, algo así como una síntesis de su estado de ánimo, añoranza de su dulce pasado, amargura de su cansada edad, fue esta que se titula Tristes memorias :

¿Te acuerdas cuando gocé?
¿Te acuerdas que mi ansia loca
era besarte en la boca
y en la boca te besé?
Así apagaba el ardorde mi pasión y mi anhelo
y así llegaba hasta el cielo
en mis delirios de amor.

Hoy soy viejo y tu pasada
y nos queda vida poca
y ya tenemos la boca
muy sumida y desdentada.
Y aquel amor sensibleque a mi cuerpo daba ardores,
lo trocó el tiempo en dolores
de un reumatismo terrible.
……………………………..
……………………………..
……………………………..
……………………………..
Así es la ley del progreso
Cuyo injurio es bien sabido:El placer… es un quejido
Y un fuerte dolor… un beso.

Diego Muñoz-Cobo, 1911.
En la semblanza de Muñoz-Cobo y al lado de estos versos humoristas, campoamorianos, escribí entonces; “Si los años y los desengaños le hicieron retirarse a otro Yuste, no sería por cansancio de una vida de campañas valientes y de buen humor, sino para que en las horas postreras no le vieran llorar y ponerse serio”.Alfredo Cazabán

DIEGO MUÑOZ-COBO ARREDONDO
EL HÚSAR

Caricatura del Husar

Ya tuvo ocasión honrosa, el hidalgo DON LOPE, de consagrar delicadísima siempreviva en recuerdo de Diego Muñoz-Cobo, fallecido en esta provincia, de donde era nacido, en el mes de febrero último.
Hijo de ella, pues vivió su luz primera en Torreperogil, puede decirse de él, lo que poeta de Venusa: “No todo ha muerto”. La supervivencia del literato, es un hecho incontrovertible, pero no consuelo ni a sus hijos amantísimos, ni a los que veneramos su memoria con el cariño y con el respeto que aquel gran ingenio nos inspiró. Su vida puede sintetizarse en estos pensamientos: fue un gran corazón, abierto a la caridad por completo; fue un gran idealista que jamás se contaminó con la bajeza y la superchería; vivió con la dignidad prócer con que naciera; murió cristiano, abrazando al Crucifijo; y cultivó las supremas artes del pensamiento, con donosura no igualada, con inspiración verdaderamente soberana.Es cierto que Muñoz-Cobo dedicó cierta parte de su vida a la política, pero aún dentro de ella, se manifestó idealista, y seguía a Romero Robledo por cariño, por afecto personal, pero sobre todo por admiración al genio, porque Romero fue otro idealista sublime, patriota sin tacha, que si hoy viviera no sería comprendido por los hombres, faltos de ideas y ayunos de sentimientos. En Romero, admiraba Muñoz-Cobo el destello de aquel clarísimo intelecto, la aureola genial de aquel gran artista de la palabra, el humorismo sano del andaluz despierto y optimista; y por ello, siguiendo a Romero, mostraba Muñoz-Cobo una modalidad de su temperamento entusiasta del literato. Y fue romerista enfervorizado, al par que adorador de musas; y en la política de aquellos tiempo, veía, no la implacable lucha de ambiciones y de asaltos al poder, sino la nota festiva de vanidades, y el cortejo frívolo de esperanzas no satisfechas, y de realidades iracundas, que siempre acababan más en cómico que en trágico.


Mis bisabuelos con su hija Concha
Y el eco vibrante de sus campañas, fue aquel periódico “El Húsar” que Muñoz-Cobo escribía casi por entero, y en el que, sin herir, se agudizaba con ironía todo lo cual, se comentaba con gracejo lo del día. De aquí la indudable predilección que Romero Robledo sentía por Muñoz-Cobo. Conocía su lealtad acrisolada, su caballerosidad ingénita, su adhesión desinteresada; admiraba sus dotes de inteligencia, de iniciativa y de disciplina; por eso el efecto de Romero era muy acendrado. Y este cariño se manifestaba siempre que le hablaban de Muñoz-Cobo. Interrogado Romero en cierta ocasión, estando en su finca de Antequera, acerca de sus adeptos en la provincia de Jaén, mencionaba como hombres superiores de fe inquebrantable y de inteligencia brillantísima, a Mudarra y Párraga y a Muñoz-Cobo, diciendo del primero que era un soberano de la elocuencia, y del segundo un artista de la pluma, y de ambos, que eran dos meridionales de espléndida fantasía.

El juicio de Romero sobre Muñoz-Cobo fue el de muchos que conocieron su hermosa obra literaria. Así opinaba de él, un egregio poeta, ya fallecido, el ilustre granadino Afán de Rivera, que leyendo la magistral oda con que Muñoz-Cobo honró al inmortal Pontífice León XIII, en las fiestas jubilares que se celebraron en Jaén en el año de 1903, quedó maravillado, ante quien esto escribe, de la fluidez imponderable de aquellos versos, y de la bella genialidad de cantar los triunfos de la Iglesia sobre los poderes de Roma, nombrando en verso a todos los Emperadores. Esta misma opinión manifestaba el llorado maestro Montero Moya, escribiendo un artículo maravilloso, como suyo, en un periódico de Jaén, en protesta por haber sido desierto, por falta de trabajos, un tema de un concurso literario provincial, en aquel tiempo, y en dicho artículo periodístico, expresaba el maestro que a la cabeza de los literatos provinciales figuraba Muñoz-Cobo, por su obra extensa y exquisita.

En la personalidad literaria de éste, se observan, bien definidas, dos épocas o períodos: aquél en que, pletórico de vida y de ilusiones, cultiva la literatura festiva, con todo el gracejo y donaire de su espléndida imaginación; y aquél otro en que, desengañado de las gentes, y del bajo descenso social, se esconde en el amor de los suyos, y en la veneración gratísima de Dios. De esta segunda etapa de su vida, son sus versos más hermosos, sus más vigorosas concepciones. La oda laureada en los juegos florales de Linares de 1901 con el premio de los príncipes de Asturias; la bellísima composición en honra de su Virgen adorada de Sierra Morena, la Santísima Madre de la Cabeza; el canto verdaderamente inmortal, en el jubileo de León XIII, de que antes se hacía mención; la oda, también laureada en el concurso de Jaén, del mes de octubre de 1901; todos ellos son monumentos de inspiración, obra del genio, que inmortalizan al que los escribe, y denotan capacidad y riqueza de sentimientos, en su autor.


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Ya no está, Muñoz-Cobo, entre nosotros, entre los vivos de esta vida medrosa y fugaz. Murió con la muerte del justo, como mueren los cristianos, como mueren los de su extirpe, noble y caballerosa".

L. M. C.


Nota mía: El artículo se ilustra con una fotografía de la caricatura de HUSAR, realizada por Leal en 1903, que está en el gabinete de casa en Baños.

El Bisabuelo está enterrado en el cementerio municipal de Baños, procedente del Castillo, junto con su suegra, mi tatarabuela Catalina Josefa del Mármol Salido, que también estaba en el Castillo y su hijo Joaquín Muñoz-Cobo Jiménez, mi tio abuelo, traslado que se hizo por mi padre y de cuyas lápidas me encargue yo personalmente.



[1] Se llamaba el periódico “El Husar”, aludiendo a los húsares, nombre que recibieron los políticos afectos al Sr. D. Francisco Romero Robledo.
DMC